jueves, 24 de diciembre de 2015

COP21, el final de la era de los combustibles fósiles


El embajador francés para las negociaciones internacionales del Cambio Climático, Laurence Tubiana; la secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Christiana Figueres, y el ministro de exteriores de Francia, Laurent Fabius, celebran el histórico acuerdo contra el cambio climático el 12 de diciembre de 2015, en Le Bourget, al norte de París, Francia. (Crédito: FRANCOIS GUILLOT/AFP/Getty Images)

Nota del editor: El columnista de CNN Opinion John D. Sutter, de CNN, está informando sobre un pequeño número —2 grados— que podría tener un efecto enorme en el futuro. Puedes suscribirte al boletín "2 degrees" o seguirlo en Facebook, Twitter e Instagram. Es jdsutter en Snapchat. Puedes darle forma a esta cobertura.
(CNN) - Para Selina Leem, una joven de 18 años de una pequeña parte de las islas Marshall en medio del Pacífico, la adopción del "Acuerdo de París" el sábado sobre el cambio climático no giraba en torno a una diplomacia poco firme. Giraba en torno a la sobrevivencia de su país.
"Este acuerdo es para aquellos de nosotros cuya identidad, cuya cultura, cuyos ancestros, cuyo ser en su totalidad está vinculado a sus tierras", dijo en la última reunión de la cumbre del COP21 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
"Este acuerdo debería ser... un punto de inflexión para todos nosotros".
Debería serlo... y ciertamente lo es.
De maneras históricas que son casi imposibles de exagerar.
Selina Leem en la cumbre del COP21 en París.
Selina Leem en la cumbre del COP21 en París.
El Acuerdo de París, el cual se produjo luego de dos semanas de constantes negociaciones en un centro de conferencias en un suburbio de París, es justo el tipo de clara señal que el mundo necesita en relación a que la era de los combustibles fósiles está llegando a un pronto final. Los países de alrededor del mundo prometieron hacer lo que es casi imposible: limitar el calentamiento a "muy por debajo" de 2 grados, y por debajo de 1,5 grados sobre los niveles pre industriales de ser factible. Eso básicamente requiere que el mundo avance rápidamente hacia el 100% de energía limpia, produciendo cero emisiones netas de gases de efecto invernadero entre más o menos 2050 y 2080.
Realmente es un momento extraordinario.
Casi 200 países trabajaron juntos para evitar súper inundaciones, aumentos en las mareas, inundaciones peligrosas, olas de calor mortales y otros males relacionados con el calentamiento global fuera de control.
Y sucedió en París, de todos los lugares posibles, solo un mes después de los ataques terroristas que dejaron un saldo de 130 personas muertas.
En la cumbre del COP21, loa países se reunieron para reconocer que "nuestros esfuerzos colectivos valen más que la suma de nuestras acciones individuales", como lo dijo el presidente del COP21 y ministro del Exterior de Francia, Laurent Fabius.
El ministro francés de Asuntos Exteriores Laurent Fabius en el COP21, en París, Francia, el 5 de diciembre de 2015. (Crédito: Pascal Le Segretain/Getty Images)
El ministro francés de Asuntos Exteriores Laurent Fabius en el COP21, en París, Francia, el 5 de diciembre de 2015. (Crédito: Pascal Le Segretain/Getty Images)
Esas ambiciones quedaron establecidas muy claramente en el Acuerdo de París. Y también fueron impresas, en una forma más simple y llamativa, en un botón prendido en la chaqueta de Leem.
El mensaje era "1,5 para seguir con vida".
Esta es una forma sencilla de decir que las islas Marshall, su país de origen, podrían quedar inundadas debajo de los mares crecientes si se permite que las temperaturas aumenten más allá de 2 grados Celsius.
Cómo ayudar a salvar a las islas Marshall
El tratado en sí no salvará a las islas.
Pero sí logra que el mundo de un enorme paso en ese dirección.
"Hay muchos líderes en esta habitación que comparten conmigo esta esperanza de salvar nuestro mundo", dijo Lee frente a los delegados el sábado por la noche.
Muchos países que adoptaron el Acuerdo de París probablemente lo hicieron por razones de interés propio, al menos en parte. China, por ejemplo, que es el contaminador más grande del mundo, ha visto cifras récord de smog en Beijing en la última semana. El aire ahí está haciendo que no sea posible vivir en grandes ciudades.
También tiene el mercado de energía renovable más grande del mundo.
Por lo tanto, invertir ahí tiene sentido para su economía.
Pero para mí, la magia del acuerdo es que también protege a las pequeñas y remotas islas como las que se encuentran en el distante Océano Pacífico. Me sorprendió a mí y a otros observadores que las pequeñas islas Marshall surgieron como una poderosa voz moral y un negociador de alto riesgo en las conversaciones. El ministro del Exterior del país, Tony de Brum, ayudó a conseguir apoyo para el "High Ambition Coalition", un grupo de más o menos 100 países que buscaron hacer que el acuerdo de París fuera tan ambicioso como fuera posible, incluyendo los esfuerzos por poner el objetivo de los 1,5 grados Celsius en el texto.
De Brum expresó su voz en Twitter, así como en las salas de negociaciones.
"Esta es la persona por la que estoy luchando hoy", escribió el sábado en la mañana, y adjuntó una foto de su nieto de 8 meses de edad, quien, según me dijo, se llama Tibbok.
De Brum quiere que Tibbok tenga un futuro en las islas Marshall.
Quiere que el país siga existiendo.
El nombre del niño en marshalés significa "tropezarse pero no caer".
Ambos entendíamos el simbolismo.
El mundo se ha esforzado por alterar el cambio climático... al redactar acuerdos como este muchas veces en el pasado. Pero quizá ahí simplemente nos estábamos tropezando.
Encontrar el camino hacia un futuro más limpio
Sin duda, no todo está resuelto por el acuerdo de París. Son demasiadas las personas escépticas al clima que tienen grandes megáfonos en Estados Unidos, y es muy poco el apoyo que hay hacia las políticas como los impuestos al carbono, lo cual en realidad ayudaría a las economías ambientalistas. Muchos países están canalizando grandes cantidades de dinero hacia los subsidios de combustibles fósiles. Y las promesas sobre el cambio climático que surgieron como parte de este proceso de negociaciones solo se espera que limite el calentamiento a 2,7 grados.
Eso no es suficiente para salvar a las islas Marshall.
Al menos todavía no.
Sin embargo, el tratado también contiene provisiones para una revisión, cada cinco años a partir de una reunión en 2018, y los expertos se sienten optimistas en relación a que los países podrán ajustar las ambiciones.
Dar el paso de ambiciosos objetivos a una política real requerirá de una constante dedicación al igual que un cambio de actitud. Esto es algo con lo que Leem ya ha experimentado. Esta adolescente, a quien le encantan las novelas románticas y la música del mundo, borró varias de sus cuentas en redes sociales, me dijo, porque leyó que los servidores contribuyen con el cambio climático. Ella dejó de comer carne, excepto pescado, porque criar animales para la agricultura contamina.
"Me hace sentir mejor, como si estuviera haciendo una contribución", me dijo.
Espero que otros se inspiren en ella y por el acuerdo de París.
Este es el momento en el que el mundo se dedicó a un futuro llevadero y de energía limpia.
Pero vamos a tener que esforzarnos mucho para hacer de ese sueño una realidad.

¿Qué es realmente el Cambio Climático y por qué la COP21 es un engaño?


Por Ernesto Ráez Luna*

La lógica del calentamiento global o cambio climático es la siguiente: en nuestra atmósfera (la delgada capa gaseosa que rodea y cobija a nuestro planeta) existe un conjunto pequeño de gases con la capacidad de atrapar la energía solar y devolverla en forma de calor. Esos gases son el vapor de agua, el anhídrido carbónico (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O), principalmente. Gracias a estos gases, el aire de la Tierra es tibio como en un invernadero y la vida puede prosperar.
Pero ahora enfrentamos demasiado de una cosa buena: A partir de la aparición de los seres humanos; pero sobre todo a partir de la Revolución Industrial, hemos estado contaminando la atmósfera con crecientes cantidades de gases de efecto invernadero, mediante la quema de combustibles fósiles (carbón e hidrocarburos), la desecación de humedales, la deforestación, los incendios provocados, la inundación de valles para producir energía eléctrica o irrigar monocultivos, y la crianza masiva de ganado vacuno, que cuando rumian eructan metano. Todos esos gases están atrapando energía solar en exceso y esa energía demás está desequilibrando el clima global. Los hielos polares y los glaciares se derriten, el mar se eleva y se acidifica con CO2 disuelto (el mar ácido corroe las conchas y los corales); los huracanes, las sequías, las inundaciones y otros eventos climáticos extremos se hacen más frecuentes y más intensos.
En respuesta a todo esto, la Humanidad —como ente colectivo— ha hecho hasta el momento dos cosas. Primero, de manera irresponsable, hemos seguido bombeando más y más gases de efecto invernadero en la atmósfera. Entre 1997 y 2004, las emisiones aumentaron un 70%. De hecho, la mayoría de las personas en el Mundo están convencidas de que la única manera de progresar y “desarrollarse” es bombeando más gases del calentamiento global; porque todos necesitamos carros y aire acondicionado y carne y arroz en abundancia, y menos espacios silvestres y más urbes de cemento para vivir bien. Segundo, hace un cuarto de siglo, 195 países firmamos una Convención Marco para el Cambio Climático; para ponernos de acuerdo en el sendero que nos llevará a reducir nuestras emisiones excesivas de gases de efecto invernadero. En 1997, ciento noventa y dos países firmamos, además, el Protocolo de Kyoto. En este, los países industrializados, que son los principales emisores, asumieron objetivos concretos de reducción de emisiones. Pero algunos de los principales emisores se quedaron por fuera del esfuerzo: Estados Unidos no ratificó, Canadá se retiró y países emergentes como China y Brasil no asumieron compromisos. El primer período de cumplimiento corrió de 2008 a 2012 (once años después de las firmas y congratulaciones). El segundo período está corriendo, hasta 2020; pero el Protocolo, en la práctica, ha sido olvidado. Lejos de reducirse, las emisiones siguen aumentando, cada vez más rápidamente. Todo el mundo quiere un SUV, para llevar los niños al colegio.
También el cambio climático sigue progresando. De hecho, ya no hay manera de evitarlo. Entonces, solo queda tratar de limitarlo. A fines de noviembre pasado, en París, los países miembros de la Convención se reunieron en la Conferencia de las Partes número 21 (la COP21) para tratar —una vez más— de ponerse de acuerdo sobre medidas concretas y vinculantes, para repeler el peor escenario de cambio climático. Según los científicos, ese escenario indeseable corresponde con un aumento de la temperatura promedio global mayor a dos grados centígrados, con respecto al pasado pre-industrial. Hasta ahora, ya llevamos un grado por encima de esa línea base, es decir que nuestro margen de calentamiento científicamente aceptable es de menos de un grado. Es como si estuviéramos con una fiebre de 39 grados que se sigue elevando, sabiendo que si pasamos de los 40 grados se nos freirá el cerebro.

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Fuente: euroactive

Al final de la COP21, con angustias y pasado el plazo oficial, se firmó un nuevo documento: el Acuerdo de París. Los políticos inmediatamente declararon un evento histórico, un gran logro, y se aplaudieron entre ellos. Los científicos, los analistas independientes y los principales grupos de activistas ciudadanos concluyeron exactamente lo contrario. Un importante grupo de organizaciones ambientalistas y conservadoras ofrecieron lecturas ambivalentes; pero inclinadas hacia las (auto)felicitaciones. ¿Tenemos forma de decidir con qué punto de vista nos quedamos? La respuesta es sí.
Primero, revisemos la tarea encargada a los políticos que fueron a París: Obtener un acuerdo vinculante (es decir, con capacidad de ejercer sanciones contra los transgresores) con medidas concretas de reducción de emisiones, oportunas y suficientes para evitar que la atmósfera global sobrepase los dos grados de calentamiento. En la práctica, esto implica que el 80% de las reservas de hidrocarburos deben quedarse en el subsuelo y que debemos encaminar nuestra civilización global hacia el uso solidario de recursos, la protección de los bosques y humedales que nos quedan, y rechazar el consumo como medida de felicidad. Además, el acuerdo debía contener medidas A EJECUTARSE antes del 2020, que faciliten la reducción de emisiones y nos preparen para atender los efectos catastróficos del cambio global que ya no podremos impedir, con énfasis en las personas más vulnerables. Por ejemplo, los habitantes de los pequeños países insulares, que están desapareciendo bajo el agua. ¿Fue eso lo que salió de París? No importa con cuánto prejuicio favorable se lea el Acuerdo, la respuesta es no, en todas las instancias. Tanto es así, que el propio Acuerdo apunta sus falencias.
El Acuerdo, en lo rescatable, reconoce que vamos por mal camino y que corresponde a todas las naciones (no solo a los países industrializados) hacer algo al respecto. Propone, además, no exceder los dos grados de calentamiento y apuntar hacia un calentamiento máximo de 1.5 grados (solo medio grado por encima del estado actual). Finalmente, plantea que en algún momento no especificado, en la segunda mitad de este siglo, debemos alcanzar un balance entre las emisiones y la captura de carbono atmosférico. Es decir que, entre sumas y restas, la Humanidad debiera producir cero emisiones netas al final del siglo. Estos son, sin duda, propósitos heroicos.
Además, el Acuerdo de París reconoce que las promesas voluntarias de reducción de emisiones que hasta el momento han hecho los países están muy lejos de conseguir el propósito acordado. (En la eufemística jerga de la Convención, esas promesas se llaman iNDC: “intended Nationally Determined Contributions”). ¿Qué solución, entonces, plantea el Acuerdo? Insistir en las promesas voluntarias, especificando que estas serán revisadas cada cinco años y que nadie debe reducir la ambición de sus promesas. Es decir, exactamente más de lo mismo que ya dijimos y vimos que no está funcionando. No se contemplan emisiones máximas permisibles ni compensaciones para los afectados por el cambio climático; no existe ningún mecanismo obligatorio para garantizar el cumplimiento; ni se establece mecanismos para provocar el revolcón que requiere nuestra civilización. Por el contrario, se afirma como un hecho incontrovertible que para “desarrollarse” hay que emitir, y que los países “en vías de desarrollo” continuarán incrementando sus emisiones. (Ya sabemos dónde piensan hacer negocio Jeep y Toyota).
Por eso, unánimemente, los científicos han declarado que el Acuerdo es inconsistente. Por eso, miles de mujeres y hombres con espíritu crítico, que no han renunciado a pensar con sus propios cerebros, protestaron con largas telas rojas en las calles de París, arriesgándose a ser reprimidos.
A estas alturas, sabemos varias cosas. Primero, que la Convención no funciona como mecanismo para producir acción solidaria sobre cuestiones urgentes que requieren medidas valientes. Segundo, que los dueños de los políticos, las corporaciones que lucran con nuestro consumo excesivo, debieran estar en la mesa de negociaciones, abiertamente, para que todos podamos verlos y reconocerlos y decidir si estamos dispuestos a aceptar que nos sigan lavando el cerebro. Tercero, que a partir de la COP15, en Copenhagen, las COPs han sido una seguidilla de fracasos anunciados como éxitos; que la Secretaría de la Convención se ha convertido en una máquina de auto-bombo; y que la sub-cultura diplomática que “negocia” el cambio climático se ha deformado hasta convertirse en una hoguera de las vanidades. Se premian entre ellos, se aplauden entre ellos, se besan entre ellos. Algo que debiera ser profundamente desprendido (en inglés, “selfless”) se ha convertido en un enorme, desagradable, costoso “selfie”. París refleja no solo el fracaso de la diplomacia; refleja una degradación moral profunda.
Muy lejos de conducirnos a la desesperanza, esta situación debiera removernos de la inercia. Todos tenemos alguna manera de contribuir. Cuando votemos por autoridades políticas, hagámoslo por quien explícitamente asuma compromisos serios a favor del medio ambiente. Exijamos a nuestros alcaldes que promuevan una nueva cultura vial, a favor de peatones y ciclistas. Estimulemos a nuestras criaturas a caminar más, a aprender a protegerse de las mentiras edulcoradas, a rechazar el consumismo, a gozar de la naturaleza más que con una hamburguesa. El futuro no está escrito; es obra nuestra.
 *Ernesto es ecólogo, conservacionista, ciudadano. Miembro, entre otras afiliaciones, de la Junta de Administración de Pronaturaleza y de la Asociación Internacional de Ecología y Salud.
TOMADO DE: http://www.sophimania.pe/medio-ambiente/contaminacion-y-salud-ambiental/que-es-realmente-el-cambio-climatico-y-por-que-la-cop21-es-un-engano/

Detrás del Acuerdo de París: el debate entre 1.5°C o 2°C 15/12/2015

Para llegar al esperado Acuerdo de París —el nuevo régimen climático global—, los países se enfrascaron en una discusión compleja sobre el incremento de temperatura que estamos dispuestos a aceptar. Aquí la explicación de lo que esto significa usar la meta de 1.5°C o 2°C, así como lo que decidieron los países en París.
Qué dice la ciencia
Como sabemos, el incremento de la temperatura promedio global tiene causa directa en el cambio climático. Desde hace más de un siglo, a partir de la Revolución Industrial, nuestras actividades intensas en emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), como el CO2, empezaron a aumentar la concentración de estos gases en la atmósfera. Antes de la Revolución Industrial, la concentración atmosférica de CO2 promedio global se calcula que era alrededor de 280 partes por millón. En comparación, este año —por primer vez en la historia desde que los humanos estamos en este planeta— la concentración global promedio de CO2 llegó a la alarmante cifra 400 partes por millón.
Mayor concentración de GEI significa mayor temperatura global y, por ende, mayores riesgos para la vida en la Tierra. Actualmente, el planeta ha llegado a una temperatura cerca de 1°C mayor que en la era preindustrial, y se sigue calentando más. Según el Panel de Expertos en Cambio Climático (IPCC), si continuamos como siempre, hacia el 2100 podríamos llegar a escenarios de entre 3°C o 4°C por encima de los niveles preindustriales. Lo peor de estos escenarios no es solo que se elevan las probabilidades de eventos extremos como el fenómeno El Niño, o se eleve el nivel del mar sumergiendo a las islas del Pacífico, sino que los modelos se vuelven incapaces de predecir qué pasaría.
De acuerdo con un reporte de este año del SBSTA, grupo científico la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, sería inadecuado considerar “seguro” un incremento de 2º°C en la temperatura promedio global.
Los compromisos nacionales (o INDC)
De acuerdo con el informe encargado a la secretaría de la Convención Marco para que sume los efectos estimados de 119 compromisos nacionales, o INDC en la jerga climática, no estamos en camino a la meta de 2°C y mucho menos a la de 1.5°C. Otros estudios han determinado que, implementando al 100% todos esos compromisos, estamos en realidad en ruta a 3°C de incremento de la temperatura.
Según estudio presentado en un side event, esta COP21 sobre “carbon budgets” en la atmósfera, a menos que creamos que podremos escalar tecnologías para capturar carbono (un sueño lejano), la meta de 1.5°C es prácticamente imposible de alcanzar. Incluso, las probabilidades de no sobrepasar la meta más conservadora de 2°C, basados en los INDC actuales sobre los que se construye el Acuerdo de París, son pocas, alrededor de 33% solamente.
Para mantener esta probabilidad, de acuerdo con Kevin Anderson de la Universidad de Manchester, necesitaríamos de un plan radical, enfocado en producir 100% energía carbono-cero hacia el 2050, y principalmente ejecutado por los que más emiten, como China, Estados Unidos, la Unión Europea y la India. Si quisiéramos tener algo de probabilidades de no superar la meta de 2°C, solo tendríamos espacio para emitir menos de mil millones de toneladas de CO2 en el futuro. Suena bastante pero en realidad es poco; si las INDC se mantienen como están, usaríamos ese espacio en tan solo 20 años.
La discusión en París
Justamente, uno de los temas más discutidos en la negociación de la COP21 fue si deberíamos adoptar la meta común a largo plazo de 1.5°C o de 2°C como límite de incremento de la temperatura global promedio. El tema ha estado muy dividido. Por un lado, la sociedad civil y varios otros países en vías de desarrollo, particularmente las islas pequeñas, han estado empujando una meta más segura de 1.5°C. Por otro, varios países desarrollados y otros dependientes del petróleo buscaron una meta más conservadora de 2°C.
Por años, los discursos de muchos países alrededor de las negociaciones climáticas, con excepción de los grupos de países de pequeñas islas, se refirieron a la meta de 2°C que en esta conferencia fue fuertemente cuestionada. En la COP21, algunos países empezaron a empujar fuerte la “Coalición para la Alta Ambición” para exigir, entre otras cosas, que la meta global sea de 1.5ºC, y así evitar los peores efectos del cambio climática. Muchos expertos y observadores vieron esto como un efecto positivo de la gran presión de la sociedad civil hacia una meta más segura. Sin ser un grupo negociador, esta “coalición” fue ganando momentum hacia los días finales de la conferencia y países importantes como Brasil se sumaron en los últimos días, llegando en total a más de 100 países. Estados Unidos también se sumó pero manteniendo su posición de que los 2°C sean el hilo conductor principal.
¿Decidieron 1.5°C o 2°C? Ambos… más o menos
El consenso final fue incluir ambas temperaturas de la siguiente manera:
“Este Acuerdo (…) busca fortalecer la respuesta global a la amenaza del cambio climático, (…) incluyendo a través de:
Contener el incremento de la temperatura global promedio bien por debajo de los 2°C encima de los niveles pre-industriales y seguir esfuerzos para limitar el incremento de la temperatura a 1.5°C encima de los niveles pre-industriales, reconociendo que esto reduciría significativamente los riesgos e impactos del cambio climático” (art. 2, inciso 1, (a))
En otras palabras, los países estaremos obligados legal y colectivamente a no sobrepasar el límite de 2°C pero también a “seguir esfuerzos” para el límite de los 1.5°C. Este fraseo es lo que quedó luego de concesiones mutuas entre los que perseguían una y la otra meta, pero podría ser visto por varios que buscaban mayor ambición como un fracaso.
En cualquier caso, una pregunta se vuelve evidente: si la ciencia nos dice que es prácticamente imposible mantener una meta de 1.5°C, ¿por qué el empuje de varios países y sociedad civil para colocarlo en el texto final? En palabras del científico Steffen Kallbekken, Director de Investigación de CICERO, “La meta de 2°C y seguir esfuerzos para (…) 1.5°C, es aspiracional.  (…) Cuando los [INDC] entre en vigencia en el 2020, probablemente habremos usado todo el “carbon budget” consistente con un calentamiento de 1.5°C. Necesitamos [un mecanismo para] actualizarlos mucho antes de 2030”.
La Decisión de la COP21 que adopta el Acuerdo de París reconoce la preocupación de que los INDC, como están, no nos conducen a un camino de 2°C y mucho menos 1.5°C (ver párrafo 17, pág. 3 del paquete de París). Por eso, deciden “convenir un diálogo entre las partes en el 2018 para hacer un balance de los esfuerzos colectivos de las partes en relación con el progreso hacia la meta [del Acuerdo de París], y para informar la preparación de contribuciones nacionalmente determinadas…” (ver párrafo 20, pág. 4 del paquete de París). Hubiese sido mejor tener un mandato claro para que los países revisen y envíen nuevos y mejores contribuciones nacionales antes de 2020 pero, aunque débil, el reconocimiento de que no estamos donde deberíamos estar y que debemos hacer más —pronto— es una señal en la dirección correcta.
Más allá de los números, lo importante es que el camino está señalado. Ahora, queda poner manos a la obra y trabajar en implementación dentro de cada uno de los países. El nuevo Acuerdo de París no es el final del proceso, sino el piso sobre el cual hay que empezar a construir con ambición.

COP21: Pueblos indígenas presentaron REDD+ Indígena para proteger los bosques amazónicos

Los pueblos indígenas de Perú, a través de diversas organizaciones de Madre de Dios, Ucayali y San Martín, presentaron en la conferencia de cambio climático que se realiza en París (COP21) el mecanismo REDD+ Indígena Amazónico (RIA), el cual tiene por objetivo reducir emisiones sin “mercantilizar la naturaleza con el mercado de créditos de carbono”.
Para los líderes indígenas, el mecanismo RIA coincide con el objetivo común de la reducción de emisiones por reforestación y degradación, pero propone que el Estado peruano acepte una adecuación a los derechos indígenas, en especial de los territorios ancestrales.
“REDD+ Indígena va más allá de la venta de carbono. Existe gran cantidad de biodiversidad y para nosotros, los pueblos indígenas, nos interesa que haya vida y donde hay vida hay riqueza, en el sentido de espiritualidad, porque nosotros creemos en los bosques, en los cerros, y ahí practicamos nuestra cosmovisión, nuestras prácticas socioculturales”, expresó Lindon Pishahua dirigente asháninka de la selva central.
Según el Ministerio del Ambiente (Minam), REDD es un esquema de pagos que promueve la Reducción de Emisiones derivadas de la Deforestación y la Degradación de los bosques, a través de manejo forestal sostenible y la participación directa de las comunidades locales.
RIA es la propuesta alternativa de los pueblos indígenas “como la mejor garantía para detener la deforestación y degradación de los bosques” y, según Aidesep, las propuestas de RIA dejaron de ser posibilidades aisladas de los procesos oficiales y nacionales. El RIA ha sido incluido oficialmente por el Minam y la cooperación internacional, en diversos planes y estrategias nacionales.
“Con RIA conservaremos nuestros bosques, nuestra madera, con la cual construimos nuestras viviendas, nuestras casas, nuestras canoas. En REDD convencional solo se trata de la venta de carbono por parte del Estado, por eso lo que estamos pidiendo los pueblos indígenas es administrar nuestras reservas comunales porque nosotros los indígenas siempre hemos dicho que no somos guardianes del bosque, nosotros somos propietarios, somos dueños de los bosques porque ahí convivimos con la naturaleza, es parte de nuestra madre porque ahí comemos, ahí vivimos”, agregó Pishahua.
“Nosotros los pueblos indígenas tenemos la claridad suficiente para saber que RIA va a permitir conservar la naturaleza y la cultura. A partir de este mecanismo podremos seguir administrando los bosques para el buen vivir de los pueblos indígenas”, concluyó.
DATO:
¿Qué se entiende por deforestación y degradación de los bosques?
De acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) la deforestación es desmontar total o parcialmente las formaciones arbóreas para dedicar el espacio resultante a fines agrícolas, ganadero o de otro tipo. La deforestación, por tanto, se traduce en una disminución de la superficie cubierta de bosque (ver gráfico). Por otro lado, la degradación no se caracteriza por la disminución de la superficie forestal sino de la calidad de su estado, respecto a uno o a más elementos del ecosistema forestal (estrato vegetal, fauna, suelo, etc.), a las interacciones entre estos componentes y, más generalmente, a su funcionamiento (FAO).
TOMADO DE: http://araamazonia.org/es/membros/155-ara-peru/spda/506-cop21-pueblos-indigenas-presentaron-redd-indigena-para-proteger-los-bosques-amazonicos

Publicación: Compensación ambiental en la Amazonía de Colombia, Ecuador y Perú

Las compensaciones por pérdida de biodiversidad constituyen un instrumento cada día más relevante para crear un balance entre el desarrollo económico y la conservación de los ecosistemas. Este tipo de compensaciones se diferencian de otro tipo de instrumentos ambientales por su enfoque específico en la biodiversidad y en la búsqueda de su conservación en términos netos. En Latinoamérica, específicamente en la región de la Amazonía Andina, países como Colombia, Ecuador y Perú cuentan con avances normativos recientes en el tema de compensaciones por pérdida de biodiversidad.
Con el objetivo de apoyar el trabajo de las autoridades nacionales de Colombia, Ecuador y Perú, en el tema de compensaciones, WCS, en el marco del programa de donaciones de la Iniciativa para la Conservación en la Amazonía Andina (ICAA), elaboró y diseñó los siguientes documentos y herramientas:
Afiche “Compensaciones por pérdida de Biodiversidad. Una aproximación a la Amazonía Andina”
Este material de divulgación presenta el tema de las compensaciones por pérdida de biodiversidad, indicando unas generalidades y mostrando una comparación de los marcos legales de Ecuador, Perú y Colombia en el tema.
“Herramienta para la priorización de áreas y estrategias para la planeación y monitoreo de compensaciones ambientales”
Esta herramienta permite realizar un análisis geográfico, identificando impactos ambientales acumulativos, áreas críticas para priorizar compensaciones ambientales y las estrategias de compensación más adecuadas de cuerdo al contexto regional.
La herramienta ha sido desarrollada en R y por tanto es una herramienta de código abierto en la que una serie de opciones han sido predeterminadas, pero a la que se pueden hacer modificaciones.
Diseño conceptual y metodológico
Este documento muestra las bases teóricas y el planteamiento técnico que sustentan el diseño de la herramienta de identificación de áreas prioritarias, incluyendo la definición de las variables que dan robustez al análisis y las estimaciones de la herramienta.
“Orientaciones para el diseño e implementación efectiva de planes de compensación ambiental en la Amazonía Andina de Colombia, Ecuador y Perú”
Estas orientaciones parten del análisis comparativo de la legislación ambiental, en materia de compensaciones por pérdida de biodiversidad, de Colombia, Perú y Ecuador; propone un marco conceptual común para las compensaciones, coherente con estándares internacionales y, finalmente, estructura una propuesta metodológica para diseñar planes efectivos de compensación, incluyendo recomendaciones para su aplicación en cada país.
·Resumen ejecutivo
Este resumen, presentado en forma de cartilla para facilitar su consulta, ofrece un vistazo a los principales hallazgos y utilidades del documento de Orientaciones.
Esperamos que los documentos se conviertan en herramientas que contribuyan efectivamente a la conservación de la gran biodiversidad amazónica. 
TOMADO DE: http://araamazonia.org/es/membros/145-ara-equador/icaa/505-publicacion-compensacion-ambiental-en-la-amazonia-de-colombia-ecuador-y-peru

martes, 22 de diciembre de 2015

El número de árboles nuevos disminuye ante el cambio climático

Tras estudiar el comportamiento de cinco especies dominantes de árboles en áreas mediterráneas de montaña, investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), en España, han comprobado que existe una compensación entre la supervivencia de los nuevos ejemplares y el crecimiento de los ya existentes. Para hacer frente al cambio climático las poblaciones de árboles inician un proceso de estabilización de la demografía en las primeras etapas del crecimiento.

El estudio, publicado en Perspectives in Plant Ecology, Evolution and Systematics, se ha centrado en medir el impacto del cambio climático en ejemplares de árboles juveniles (de entre dos y cinco años) bien establecidos y con posibilidades de llegar a adultos en áreas mediterráneas de montaña
En concreto, los científicos analizaron tres especies cuyo límite de su distribución se encuentra en estas regiones: el pino silvestre (Pinus sylvestris), el pino negro (Pinus uncinata) y el haya común (Fagus sylvatica), y dos propiamente mediterráneas, la encina (Quercus iliex) y el pino laricio (Pinus nigra subespecie salzmmanii).

“Lo que hemos hecho ha sido analizar los patrones de distribución comprobando la abundancia y midiendo el crecimiento de estos ejemplares juveniles de 306 puntos distribuidos en diversos rangos de altitud en nueve regiones montañosas previendo que ante el calentamiento global las especies tienden a elevar su rango de distribución buscando áreas más frescas”, contextualiza Fernando Valladares, investigador del MNCN.

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Selva de Irati en Navarra. (Foto: Wikipedia)


Pese a las diferencias notables entre las especies estudiadas, los expertos detectaron un patrón de comportamiento similar en la aparición de nuevos ejemplares. “Hemos visto que se produce un reemplazo asimétrico de las áreas boscosas. Aparecen más ejemplares en las zonas algo más elevadas del área de distribución de cada especie, pero el crecimiento de los nuevos ejemplares es mayor a menor altura”, explica Valladares.

“Se trata de una compensación entre la supervivencia y el reemplazo con nuevos ejemplares. Podría ser una forma de contrarrestar en parte el efecto negativo que provoca el calentamiento global en los límites del área de distribución de las diferentes especies”, continúa.

El cambio climático está alterando la distribución geográfica de las especies en todos los ecosistemas del planeta. En función de la climatología y las barreras que encuentran, las especies se redistribuyen por zonas donde consiguen sobrevivir pero se desconoce hacia dónde se mueven exactamente y la magnitud de este cambio en su distribución real.

“Nuestros resultados destacan la importancia de considerar las diferentes respuestas de una misma especie en cada edad o fase demográfica (juvenil, adulto, senescente) a lo largo del rango climático de su distribución para entender los efectos que el cambio climático podría ejercer en la distribución de especies y las dinámicas de las poblaciones”, concluye Valladares. (Fuente: MNCN-CSIC)

Incluso si el susto calentamiento global eran un engaño, todavía sería necesario China es la superpotencia de bajo carbono y será el ejecutor final del acuerdo sobre el clima COP21 en París

Turbinas de viento
China está cubriendo sus llanuras del norte con las turbinas de viento
Científicos chinos han publicado dos informes alarmantes en cuestión de semanas. Tanto la conclusión de que los glaciares del Himalaya y el permafrost tibetana están sucumbiendo a un cambio climático catastrófico, amenazando a los sistemas de agua del río Amarillo, el Yangtsé y el Mekong.
La meseta tibetana es "tercer polo" del mundo, el mayor reservorio de agua dulce fuera del Ártico y la Antártida. El área se está calentando al doble del ritmo global, por lo que es el epicentro de riesgo climático global.
Un informe era por la Academia China de Ciencias. La otra era una de 900 páginas puerta tapón del Ministerio de Ciencia, llamado el "Informe de Evaluación Nacional Tercer sobre el Cambio Climático".
Esta última es la línea oficial del Partido Comunista. Afirma que China ya ha calentado por 0,9-1,5 grados durante el siglo pasado - más altas que el promedio mundial - y puede calentar por otros cinco grados para el año 2100, con efectos que podrían abrumar a las ciudades costeras de Shanghai, Tianjin y Guangzhou. El mensaje es que China se enfrenta a una amenaza civilizacional.
Independientemente de si usted acepta la hipótesis del calentamiento global hecho por el hombre es irrelevante. La Academia China y el Politburó hacen aceptarlo. También lo hace el presidente Xi Jinping, quien pasó su carbón karting Revolución Cultural en la región minera de Shaanxi. Este hecho político es tectónico para la industria fósil mundial y la economía de la energía.
Hasta el sábado pasado, era un artículo de fe entre los escépticos del clima occidentales y algunos en la industria fósil que China nunca firmaría hasta el acuerdo COP21 en París o aceptar el "trinquete" de exámenes quinquenales.
Desde entonces, han caído de nuevo a un segundo argumento, alegando que el acuerdo tiene sentido debido a que China no va a sacrificar el crecimiento del carbón impulsado por complacer a Occidente, y sin China el acuerdo desentraña ya que ahora emite tanto CO2 como combinamos los EE.UU. y Europa.
Este juicio político fue quizás plausibles hace tres o cuatro años en los últimos días de la era Hu Jintao. Hoy en día se está agarrando a un clavo ardiendo.
Ocho de las mayores empresas de energía solar del mundo son chinos. Así que es el grupo de energía eólica más grande de segundo, Goldwind. China invirtió $ 90bn en energías renovables el año pasado y ya es la superpotencia de industrias bajas en carbono. Se instaló más energía solar en el primer trimestre que existe actualmente en Francia.
Los chinos planean construir seis a ocho plantas nucleares cada año, llegando a 110 en 2030. Tienen la intención de apalancar esto en el dominio nuclear en todo el mundo, ya que vislumbramos de la saga de Hinkley Point.
La energía de cosecha es central para la unidad de Xi Jinping, para la seguridad estratégica. Los líderes chinos saben lo que pasó con Japón bajo embargo de la energía de Roosevelt a finales de 1930, y que no confían en las rutas marítimas para los suministros de carbón y de gas natural licuado.Tampoco disfrutan dependencia del gas ruso.
Isabel Hilton de Diálogo de China dice que el cambio de energía ha llegado a un punto en el que Beijing tiene un interés comercial propio en la celebración del mundo al acuerdo de París. "Los chinos creen que pueden dominar las tecnologías de baja emisión de carbono", dijo.
Esto es por qué se sienten lo suficientemente seguras como para seguir adelante con un sistema de límites máximos y comercio de emisiones de carbono en 2017, cubriendo más CO2 que todos los 40 programas existentes en el mundo en su conjunto.
China está cambiando rápidamente. La intensidad energética del PIB de China se encuentra en caída libre como Xi Jinping, intenta apartar a la economía fuera primitiva de metal-bashing y ascender en la escala tecnológica.
El "sector terciario" ha pasado de 42pc a 51pc de la economía desde 2007, tomando el relevo como el partido comienza a abordar vastas extensiones de exceso de capacidad en acero, el cemento y la construcción naval.
Llega en un momento en que la curva de costos para las energías renovables ha caído lo suficiente para hacer cambiar la post-carbono económicamente sin dolor. "El costo promedio de solar global fue de $ 400 por megavatio / hora en todo el mundo en 2010. Le correspondió a $ 130 en 2014, y ahora se ha caído por debajo de $ 60 en las mejores ubicaciones. Casi nadie podría haber imaginado esto hace seis años", dijo Mark Lewis de Barclays.
De China instaló un récord de 23 gigavatios (GW) de energía eólica en 2014. Lo hizo porque el viento es rápido y barato. Lazard calcula que el "costo nivelado" del viento sin subsidio en tierra ha caído 61pc a nivel mundial, gracias a un software inteligente, mejores palas y turbinas más altas que capturan el punto dulce. Piensa viento ahora socava el carbón y el gas, y por un amplio margen en lugares óptimos.
En concreto, el costo nivelado ha caído "muy por debajo" de carbón en Jilin, Jiangsu y Zhejiang, con nuevas turbinas, según un estudio realizado por la Universidad de Energía Eléctrica del Norte de China.
Si el uso del carbón de China ya ha alcanzado su pico es un tema muy disputado. Asociación de carbón del país, dice el consumo cayó 4.7pc en los 12 meses hasta octubre, pero esto puede ser un problema pasajero.
La economía ha pasado por una recesión. Ahora se está recuperando. Salida del coche saltó de 1,3 millones en julio a 2,2 millones en noviembre. El gasto en infraestructura es de hasta 18pc como patadas de estímulo fiscal en.
Sin embargo, pico del carbón está a la vista y es una apuesta justa que el país alcanzará picos de emisiones de CO2 mucho antes de la fecha límite de 2030.
El punto clave es que sólo 60pc de carbón de China se utiliza para las plantas de energía, en comparación con 90pc en los EE.UU.. El resto se quema en calderas de casas horriblemente tóxicos o en pequeños talleres, y esto cuando el martillo está cayendo. Beijing es la eliminación gradual calderas de carbón dentro de los límites de la ciudad.
Greenpeace dice que China ha cerrado 18GW de plantas de carbón de edad, y es probable que cerrar otra 60GW para 2020. Estos son los que más contaminan, en su mayoría plantas "subcríticas" por debajo de 50 megavatios.Otros más limpios se están construyendo. La última "de alta eficiencia baja emisión" (Hele) Equipamiento cortó CO2 por 25pc-33pc.
Es cierto que los gobiernos regionales aprovecharon poderes recién transferidas a aprobar otras 155 plantas para 123GW este año, solo igual al consumo anual de Brasil. Funcionarios horrorizados en Beijing están tratando de revertir el curso. La expansión no tiene sentido ya que el carbón centrales térmicas ya están funcionando a continuación 50pc de la capacidad.
Greenpeace, que reveló por primera vez este frenesí de la planificación,duda de que muchas de estas plantas se construirá nunca, y si se construyen, hasta $ 110 mil millones va a subir en el humo de los activos varados. Nunca habrá suficiente demanda para su electricidad. Será una repetición del fiasco de acero. El Partido Comunista ha seguramente aprendido la lección por ahora.
Carbón, petróleo y gas y sus inversores deben asumir que los líderes de China significaba lo que dijeron en París, y por lo tanto que el equilibrio del poder político en el mundo se ha inclinado hacia una drástica reducción en el uso de combustibles fósiles, y que las emisiones negativas netas de CO2 en 2070 es en las tarjetas.
Los fondos de cobertura y casas financieras ya están actuando en esta inferencia. Goldman Sachs cree que la combinación de normas más estrictas y tecnología bóveda es tan potente que las emisiones globales alcanzarán su punto máximo en 2020, mucho antes de lo ampliamente supone.
Un favorito es la bombilla LED, que reduce el uso de energía por 85pc luces incandescentes ganar comparados. Goldman espera que gane 95pc del mercado mundial en 2025.
Vehículos eléctricos e híbridos alcanzarán ventas de 25m para entonces, impulsada por el desplome de los costos de la batería y el endurecimiento de las normas de emisión de coches en China, Europa y los EE.UU.. Goldman dice que estos recortes se están acercando al punto en el que los fabricantes de automóviles dejarán de invertir en el motor de combustión interna. Es entonces cuando el interruptor para electricification se convertirá en una estampida.
Al final, las sumas son vertiginosa. Abyd Karmali de Bank of America dice que la economía baja en carbono vale $ 5500 mil millones al año y que el acuerdo de París ahora "turbocharge" un bombardeo de la inversión.
Barclays ha dicho a los clientes a prepararse para un trinquete de reglas climáticas más duras necesarias para mantenerse dentro del "presupuesto de carbono" de 2.900 gigatoneladas y detener la temperatura global aumente más de dos grados para el año 2100. Esto implica un precio del carbono de $ 140 por tonelada en 2040.
También implica $ 45000 mil millones de gasto en descarbonización durante el próximo cuarto de siglo, con ingresos decomisados ​​para que coincida con las empresas de carbón, gas y carbón, muchos condenados a disminuir la escorrentía. Barclays estima que la demanda de crudo caerá a 72m de barriles diarios para entonces, la mitad de los supuestos de la OPEP.
Este interruptor no lo hará nada "costo" en términos macroeconómicos. Tal pensamiento de suma cero con vistas a los efectos catalíticos de saltos tecnológicos, y con vistas a la paradoja de la destrucción.
La Segunda Guerra Mundial levantó la economía mundial de una trampa de liquidez bajo crecimiento aplanando el exceso de capacidad industrial y el aprovechamiento de un exceso de ahorro estáticos. Esta fue la plataforma de lanzamiento para el auge de la reconstrucción de los años 1950 y 1960.
Estamos en un 1930 similares trampa de bajo crecimiento en la actualidad.La tasa de ahorro mundial es un 25pc récord del PIB. Es la causa raíz de nuestro malestar. Así que incluso si el calentamiento global era un engaño, nos lo necesita para hacer que nuestro gran escape económica.
El filósofo alemán Hegel tenía un término para este tipo de giros históricos. Lo llamó la astucia de la razón.
tomado de: http://www.telegraph.co.uk/finance/economics/12052582/Even-if-the-global-warming-scare-were-a-hoax-we-would-still-need-it.html