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miércoles, 19 de julio de 2017

El argumento económico en favor de empoderar a las mujeres

18 de noviembre de 2016
Señoras y señores, distinguidos invitados, buenas tardes.
Estoy encantada de regresar a Lima, la ciudad que organizó con gran éxito las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial el año pasado.
Me complace también tener la oportunidad de dirigirme a los encargados de la formulación de políticas y a los líderes de la comunidad empresarial de una región tan dinámica como el APEC —hogar del 40% de la población mundial y origen de un 60% del producto económico mundial.
En particular, me complace hablar de un tema que me es tan cercano: el empoderamiento de las mujeres.
Isabel Allende, la renombrada novelista chilena, dijo una vez: “Si una mujer está empoderada, sus hijos y su familia van a estar mejor. Si las familias prosperan, el pueblo prospera, y al final también lo hace todo el país”.
En las últimas décadas, mujeres de todo el mundo han logrado sobrepasar las barreras del nivel de educación, la participación económica e, incluso, la representación política. Según el último Informe sobre la brecha mundial de género (Global Gender Gap Report) del Foro Económico Mundial, América Latina es la región donde los progresos, en términos absolutos, han sido mayores en los últimos diez años, seguida de Asia y la región del Pacífico. Por tanto, en algunos aspectos, el APEC va a la cabeza.
Y, aun así, estos avances importantes no han sido suficientes para cerrar la brecha de género. A nivel mundial, solo 55% de las mujeres tienen la oportunidad de participar en la fuerza laboral, frente a 80% de los hombres. Las mujeres siguen ganando aproximadamente la mitad que los hombres por la misma clase de trabajo, y representan únicamente 20% de los parlamentarios de todo el mundo [1] .
Es evidente que, en muchos lugares, la igualdad de género sigue siendo un objetivo difícil de alcanzar. El argumento ético en favor de la equidad de género es claro.Como también lo es el económico.
Ahora que los países en todo el mundo luchan por alcanzar un crecimiento más rápido de sus economías y reducir la desigualdad, aprovechar el enorme potencial de las mujeres puede suponer un punto de inflexión. Incluso me atrevería a ir más allá: no hay que pensárselo dos veces.
La labor realizada por el FMI demuestra claramente que empoderar a las mujerestiene efectivamente un irrefutable sentido económico. Y todos —gobiernos, sector privado e instituciones financieras internacionales— tienen un importante cometido.
1. ¿Por qué supone el empoderamiento de las mujeres un punto de inflexión?
En reiteradas ocasiones he manifestado que el crecimiento mundial ha sido demasiado bajo durante demasiado tiempo, y que además ha beneficiado a demasiado pocos. Algunos países afrontan transiciones, como el ajuste a la reducción de los precios del petróleo; otros se enfrentan a la fuerza inmutable del envejecimiento de la población y sus repercusiones sobre la fuerza laboral y el crecimiento de la productividad.
Las mujeres pueden ser la solución a estos problemas, básicamente por tres razones.
Primera razón: el empoderamiento de las mujeres puede impulsar el crecimiento y reducir la desigualdad. Si queremos que todo el mundo tenga un pedazo más grande de la torta, la torta tiene que crecer.
Los estudios que hemos llevado a cabo muestran que el incremento de la participación de la mujer en la fuerza laboral puede tener beneficios macroeconómicos significativos. Por ejemplo, si los países de América Latina aumentasen la participación laboral femenina hasta el nivel medio de los países nórdicos (que ronda el 60%), el PIB per cápita podría ser hasta un 10% más alto [2] .
La inclusión de género no solo respalda el crecimiento, sino que también es capaz de reducir la desigualdad del ingreso. Una vez más, nuestros estudios demuestran que pasar de un contexto de desigualdad de género perfecta a uno de igualdad de género perfecta equivale a reducir la desigualdad del ingreso de los niveles de Venezuela a los de Suecia [3] .
Así, una vez más, aprovechar el potencial de las mujeres no solo aumentará el tamaño de la torta, sino que hará que su reparto sea más equitativo.
La segunda razón por la cual el empoderamiento de las mujeres supone un punto de inflexión es que puede contribuir a mitigar los efectos demográficos.
Muchos países avanzados, y algunos de los emergentes también, tienen dificultades para elevar el potencial de crecimiento debido al envejecimiento de la población y la reducción de la fuerza laboral. Las mujeres pueden formar parte de la solución.
En Japón, por ejemplo, un incremento de la participación de la mujer en la fuerza laboral que la situase en los niveles del norte de Europa podría impulsar el crecimiento del PIB en hasta 0,4 puntos porcentuales durante los años de transición[4] . Como las tasas de crecimiento de Japón se situarán en torno al 0,5% este año y el próximo, los beneficios económicos pueden ser enormes.
Las consecuencias de dar empleo a un mayor número de mujeres muy calificadas sobre el crecimiento de la productividad en general podrían ser incluso más significativas: hasta 0,4 puntos porcentuales anuales en Canadá [5] .
Por tanto, el acceso de un mayor número de mujeres a la fuerza de trabajo ampliaría la reserva de talento del mercado laboral, impulsando la productividad y el crecimiento.
La tercera razón por la cual, en mi opinión, este es el punto de inflexión: una mayor participación económica de la mujer respalda la diversificación.
La caída de los precios del petróleo ha afectado especialmente a muchos países exportadores de materias primas. Es el caso de varios países del APEC, y de América Latina en general. Estos países afrontan ahora la ardua tarea de diversificar su economía para generar nuevos factores impulsores del crecimiento.
En este cometido, la inclusión de las mujeres puede ser de utilidad. En los países de bajo ingreso y en desarrollo, pasar de la desigualdad de género perfecta a la igualdad perfecta equivale a pasar de una economía muy poco diversificada a otra con una diversificación de las exportaciones normal [6] .
¿Cómo? Cerrar las brechas de género en educación amplía la reserva de capital humano, que es fundamental para la adopción e innovación tecnológicas. Cerrar las brechas de participación laboral incrementa también la capacidad de un país de crear y ejecutar ideas, algo esencial para la diversificación.
En resumidas cuentas: las mujeres son la solución a muchos de los problemas que afrontan hoy en día países de todo el mundo. Pueden cambiar las reglas del juego económico. La pregunta que debemos formularnos es clara: ¿Cómo podemos hacer para que más mujeres participen en la economía?
2. Cómo llegar al objetivo: El papel de cada uno
Los factores impulsores —y las trabas— son complejos y polifacéticos. Para reducir las brechas de género es necesario acordar un programa integral y contar con el compromiso de los gobiernos, el sector privado y las instituciones internacionales para con la equidad de género.
i) Gobiernos
Los gobiernos disponen de varias vías para demostrar su capacidad de liderazgo.
La política fiscal constituye un buen punto de partida, porque sabemos que su diseño puede ayudar a alcanzar los objetivos de igualdad de género.
Por ejemplo, las reformas fiscales que comportan una reducción de los impuestos sobre el ingreso secundario de una familia, que casi siempre es el de una mujer, pueden alentar a más mujeres a incorporarse al mercado laboral.
Canadá lo puso en práctica en la década de 1990, a través de una mejora de los incentivos de los ingresos secundarios, introduciendo recortes tributarios y prestaciones para las familias con hijos. Actualmente, la tasa de participación laboral femenina de Canadá está por encima del 80% y supera la de Estados Unidos, del 74% [7] .
También son importantes las políticas de respaldo a las familias, especialmente en los países de América Latina que han avanzado a pasos agigantados en la participación de las mujeres jóvenes en la fuerza laboral. Una vez que llegan a la edad fértil, es fundamental que existan políticas encaminadas a mantener su compromiso con el mercado de trabajo, y disponemos de muchos ejemplos de políticas que han funcionado.
En México, los servicios de guardería gratuitos o subvencionados prestados a través del programa Estancias Infantiles han contribuido a aumentar la probabilidad de que la madre tenga un trabajo. En Chile, el aumento del número de horas que los niños pasan en la escuela, a través del programa Jornada Escolar Completa, permite que las madres dispongan de más tiempo para trabajar más horas [8] .
Asimismo, los gobiernos pueden dar el ejemplo y ofrecer condiciones igualitarias a las mujeres. En más de 100 países existe por lo menos una traba jurídica que entorpece la participación económica de las mujeres. En algunos países, las mujeres no tienen derecho a firmar contratos, abrir una cuenta corriente o emprender acciones legales sin el consentimiento de su marido.
En este sentido, el caso de Perú representa un éxito notable. A partir de mediados de la década de 1990, Perú modificó las leyes que limitaban los derechos jurídicos de las mujeres. Una década más tarde, la participación de las mujeres en la fuerza laboral se había incrementado en 15 puntos porcentuales [9] .
Hemos observado resultados positivos similares también en otras regiones. Por ejemplo, luego de que Namibia reforzara los derechos jurídicos de las mujeres, entre ellos, la capacidad para firmar contratos, ejercer una profesión y abrir una cuenta de banco sin necesidad del permiso de su marido, la participación de la mujer en la fuerza laboral aumentó 10 puntos porcentuales.
Así pues, pequeños cambios jurídicos pueden marcar la diferencia.
ii) El sector privado
¿Y las empresas? Las empresas también pueden marcar la diferencia.
Uno de los ámbitos que reclama mayores avances es el acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad y consejos de administración. Según nuestros estudios, añadir una mujer a la alta gerencia o al consejo de administración sin variar el número de miembros se asocia a un incremento del rendimiento de los activos de 8-13 puntos básicos [10] .
En resumidas cuentas: ampliar el número de mujeres con cargos de responsabilidad es bueno. No obstante, en abril de 2015, de cada 100 miembros de consejos de administración de grandes empresas que cotizan en bolsa en Europa solo 23 eran mujeres, y únicamente el 4% de los directores ejecutivos de estas compañías eran mujeres.
Empoderar a las mujeres es, además, una buena práctica empresarial. ¿Qué quiero decir con eso?
Según un estudio llevado a cabo recientemente por Google, una de las características que comparten sus equipos de éxito es la capacidad de crear zonas de "seguridad psicológica", es decir, espacios en los que todos sus miembros se expresan más o menos en la misma proporción y sin miedo a ser avergonzados [11]. Dicho de otra forma: los equipos que dan la palabra a todos sus miembros, incluidas las mujeres —que suelen ser más tímidas y no se atreven a hablar—, logran aprovechar la diversidad de opiniones en beneficio de una mejora de los resultados empresariales [12] .
Para fomentar la equidad de género, además de dar voz, las empresas pueden asegurar que exista paridad salarial por idénticos puestos de trabajo y ampliar el acceso a la licencia por maternidad.
El sector financiero también puede aportar su grano de arena a la inclusión financiera de las mujeres, ámbito en el cual el Perú ha registrado avances encomiables. En 2014, cerca del 90% de las empresas tenían acceso a una cuenta corriente. Sin embargo, el nivel de acceso de las mujeres se situaba solo en el 22%, así que claramente puede hacerse mucho más para que aumente el número de mujeres que se incorporan a la red financiera, también en el sector informal.
iii) Instituciones financieras internacionales
Las instituciones financieras internacionales también tienen su cometido.
Para empezar, la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres están ahora entre las 17 prioridades de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas para alcanzar el crecimiento inclusivo en 2030.
Sin embargo, para lograr este objetivo habrá que mejorar los datos y la investigación para comprender mejor los factores impulsores del empoderamiento de las mujeres y seguir su evolución. Es aquí donde entran en juego instituciones como el FMI.
En los últimos años, hemos intensificado el estudio de temas de género. Muchos de los ejemplos a los que me he referido anteriormente se basan en este conjunto cada vez mayor de estudios. E iremos todavía más allá: pondremos en práctica estas conclusiones a través de nuestra labor de supervisión y nuestros programas.
Por ejemplo, hemos comenzado a incorporar objetivos de igualdad de género a las Consultas anuales del Artículo IV, donde la participación económica de las mujeres puede tener repercusiones importantes. Asimismo, hemos completado el análisis de 13 países, lo cual nos permitirá ofrecer recomendaciones de política "a medida" en materia de equidad de género.
Por otro lado, hemos incluido el objetivo de incrementar la participación económica de las mujeres en un programa respaldado por el FMI en Jordania. Y lo mismo estamos haciendo con el programa que anunciamos recientemente para Egipto, centrado en mejorar la seguridad de las mujeres en el transporte.
Queda muchísimo por hacer, pero la labor de promoción de la equidad de género definitivamente ha comenzado.
Conclusiones
En las dos últimas décadas, los países del APEC han avanzado notablemente hacia la mejora de la participación económica de las mujeres y se encuentran ahora en buenas condiciones para liderar el camino a seguir.
El FMI será su aliado en tan arduo proyecto.
Gracias.


[1] Foro Económico Mundial (2016). The Global Gender Gap Report 2015.
[2] Natalia Novta, Alejandro Werner y Joyce Wong (2016). Women at Work: Remarkable Achievement in Latin America and the Caribbean.
[4] Véase Chad Steinberg y Masato Nakane (2012). “Can Women Save Japan?Documento de trabajo del FMI 12/248.
[5] Véase Christine Lagarde (2016). To Boost Growth: Employ More Women. Concretamente, un incremento de un punto porcentual de la participación laboral de las mujeres con estudios superiores podría elevar el crecimiento general de la productividad laboral de Canadá entre 0,2 y 0,4 puntos porcentuales anuales.
[7] Véase Christine Lagarde (2016). To Boost Growth: Employ More Women.
[8] Natalia Novta, Alejandro Werner y Joyce Wong (2016). Women at Work: Remarkable Achievement in Latin America and the Caribbean.
Departamento de Comunicaciones del FMI

viernes, 20 de noviembre de 2015

En Etiopía, las mujeres empresarias tienen la oportunidad de realizar sus sueños

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Zinabua Hailu tiene un hotel de 10 habitaciones con un restaurante y un personal de 18 empleados en el bullicioso barrio de Gofa en Addis Abeba.

TITULARES
  • Más de 3000 mujeres de Etiopía se han beneficiado de una línea especial de crédito para mujeres emprendedoras respaldada por la AIF, el fondo del Banco Mundial para los países más pobres.
  • Se estima que el 70 % de las pequeñas y medianas empresas de propiedad de mujeres en los países en desarrollo no puede obtener financiamiento suficiente para crecer.
  • El proyecto tiene como objetivo movilizar capital para ayudar a cerrar la brecha de financiamiento, en particular para las empresas orientadas al crecimiento que necesitan préstamos más grandes equivalentes a USD 10 000 o más.

Zinabua Hailu tiene un sueño: quiere construir un gran hotel con “estrellas”, uno que cumpla las normas internacionales de calificación, el tipo de hotel que los turistas podrían frecuentar.
No es un sueño imposible. En los últimos ocho años, esta madre de tres hijos ha ampliado su negocio de vendedora de comida operado por una sola persona en una sola habitación a un hotel de 10 habitaciones con un restaurante y un personal de 18 empleados en el bullicioso barrio de Gofa en Addis Abeba.
Zinabua está entre las más de 3000 mujeres de Etiopía que han podido aprovechar desde 2013 el financiamiento para iniciar o ampliar un pequeño negocio. Una línea de crédito especial para mujeres empresarias es ofrecida a través del Banco de Desarrollo de Etiopía e instituciones microfinancieras selectas de ese país y respaldada por laAsociación International de Fomento, el fondo del Banco Mundial para los países más pobres, con financiamiento adicional de las agencias internacionales de desarrollo deCanadá y el Reino Unido.
Zinabua recibió un préstamo de 800 000 birr, o unos USD 38 000, un monto que previamente le hubiera sido difícil conseguir a una mujer empresaria en Etiopía.
Normalmente, las mujeres de Etiopía –y otros países en desarrollo– enfrentan desafíos más grandes que los hombres para iniciar o ampliar una empresa. Es menos probable que posean activos, como tierras o una casa, que se puedan usar como garantía para un préstamo. A menudo tienen menos educación que los hombres, o enfrentan leyes y costumbres discriminatorias.
De hecho, Zinabua dice que ha sido difícil llegar a donde está hoy.
Primero tuvo que convencer a su marido, que es funcionario público, de que tenía que trabajar para ayudar a pagar la educación de sus hijos. Después del nacimiento de su tercer hijo, Zinabua consiguió un préstamo de unos USD 100, usando su casa como garantía. Comenzó a cocinar y vender comida a los jornaleros. Dos años más tarde, obtuvo un préstamo más grande y abrió un restaurante. Después de cinco años de reembolsar fielmente los préstamos, calificó para un préstamo más grande y abrió su negocio actual.
“Las mujeres se están empoderando cada vez más y participan más en los negocios”, dice Zinabua. “Es un deber participar en el desarrollo económico”.
Sin embargo, se estima que un 70 % de las pequeñas y medianas empresas de propiedad de mujeres en los países en desarrollo no pueden obtener financiamiento suficiente para crecer. Se calcula que las necesidades de financiamiento ascienden a unos USD 285 000 millones.
Las investigaciones indican que las inversiones en empresas de propiedad de mujeres ofrecen una de las “más altas oportunidades de retorno disponibles en los mercados emergentes”, según Francesco Strobbe y Salman Alibhai, economistas del Banco Mundial.
Debido a que las mujeres empresarias tienden a contratar a otras mujeres, entre las cuales el desempleo es más común, sus negocios “pueden ser un factor clave para reducir los altos índices generales de desempleo”, dijeron en su documento Financing Women Entrepreneurs in Ethiopia (Financiamiento de mujeres empresarias en Etiopía).
Strobbe dirige el Proyecto de Desarrollo Empresarial de la Mujer (i) en Etiopía, que ofrece una línea de crédito de USD 50 millones a instituciones financieras que brinden financiamiento a microempresas y pequeñas empresas de propiedad de mujeres. El proyecto también ha proporcionado capacitación empresarial a más de 5000 mujeres.
La demanda de este financiamiento ha sido “sorprendente”, dijo Strobbe.
De enero de 2014 a septiembre de 2015, la línea de crédito desembolsó 768 millones de birr (unos USD 38 millones) para 3227 empresarias, lo que resulta en un monto de préstamo individual promedio de 219 605 birr (casi USD 11 000). Al ritmo actual, se desembolsarán aproximadamente USD 2 millones por mes.
Aproximadamente el 76 % de las prestatarias nunca había obtenido un préstamo antes, sin embargo, la tasa de reembolso es del 99,4 %.
El proyecto tiene como objetivo movilizar capital para ayudar a cerrar la brecha de financiamiento, en particular para las empresas orientadas al crecimiento que necesitan préstamos más grandes equivalentes a USD 10 000 o más.
Zinabua pudo obtener un préstamo de casi USD 40 000 para su empresa de hotel y restaurante, o sea, unas 2,6 veces más que su préstamo anterior (unos USD 14 000) de la misma institución.

" Las mujeres se están empoderando cada vez más y participan más en los negocios. Es un deber participar en el desarrollo económico "

Zinabua Hailu

Empresaria en Addis Abeba

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Sewasew Hailu, diseñadora de moda, afirma que el mayor desafío para quienes comienzan un nuevo emprendimiento es el financiamiento. © Stephan Gladieu

Sewasew Hailu, diseñadora de moda establecida en Addis Abeba, ha obtenido cuatro préstamos, cada uno mayor que el anterior, en los siete años que ha estado en el negocio. Ella también pudo aprovechar un monto significativamente mayor de financiamiento —USD 40 000— como resultado de la nueva línea de crédito. Como Zinabua, su préstamo anterior había sido de aproximadamente USD 14 000.
“El mayor desafío para quienes comienzan un nuevo emprendimiento es el financiamiento”, dijo Sewasew, que cuenta con clientes de Europa y otros países africanos.
La dificultad para conseguir un préstamo es colateral, afirmó.
“La necesidad financiera está allí. Hay muchas mujeres y hombres que quieren esos servicios”, dijo Sewasew.

viernes, 16 de octubre de 2015

Veinte años después de Belém do Pará, por Andrew Morrison

Aniversario de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer.

Veinte años después de Belém do Pará, por Andrew Morrison
Ilustración: Giovanni Tazza.

  • Andrew Morrison
  • Jefe de la División de Género y Diversidad del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)
Los economistas somos adictos a los datos y los hay de todo tipo. Existen unos impresionantes, otros esperanzadores e incluso algunos escalofriantes, como estos: el 38,6% de las peruanas de 15 a 49 años declara haber sufrido alguna vez violencia física o sexual a manos de su pareja, y el 14% reporta haberla sufrido en el último año.
Hablamos, respectivamente, del segundo y tercer porcentaje más alto para América Latina y el Caribe en el 2008 (el último año para el cual hay datos comparables entre países). Y esta no es un área donde el Perú deba sentirse orgulloso.
Pero estamos en el 2015, dirán algunos. Es posible que los datos hayan mejorado, un economista debería ser más serio y citar cifras mucho más actualizadas. Muy bien: según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en el 2013 el porcentaje de mujeres que sufrió violencia física o sexual en el país fue de 12,1%.
Esto nos dice que la violencia se está reduciendo, pero muy lentamente. Tanto que si la tasa de reducción se mantuviera constante, a este ritmo tardaría más de 18 años en llegar a una prevalencia de solo el 5%. Decía el célebre economista británicoJohn Maynard Keynes: “A largo plazo, todos estaremos muertos”. En este caso, esta frase es doblemente apropiada. Esperar 18 años para llegar al 5% no es una buena política pública y, además, significa que un número significativo de mujeres habrá dejado su vida en el camino.
Es necesario acelerar el proceso. Por ello, Lima acoge este mes una reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA) cuyo objetivo es dar seguimiento a la Convención de Belém do Pará que compromete a los 32 países signatarios del hemisferio a trabajar por la erradicación de la violencia contra la mujer.
¿Qué podemos hacer para mejorar esta situación? 
Primero, ofrecer servicios de calidad a las mujeres afectadas por la violencia. Estos van desde servicios policiales o apoyo médico y psicológico, hasta opciones para aumentar su empleabilidad e ingresos. La forma tradicional de hacerlo es a través de redes de proveedores de servicios, lo que obliga a las afectadas a tocar muchas puertas y gastar mucho tiempo. Además, los servicios suelen ser de mediana o baja calidad y estar descoordinados. Una mejor opción son los modelos de asistencia integral, que ofrecen muchos servicios en un solo lugar. Y ya existen distintos ejemplos de estas ventanillas únicas en la región: Ciudad Mujer en El Salvador, Ciudad para las Mujeres en México o Casa da Mulher en Brasil.
Segundo, hay que invertir en prevención. Uno de los enfoques más prometedores que estamos viendo es trabajar con los jóvenes para enseñarles a convivir sin violencia, como se ha hecho con mujeres adolescentes en Guatemala, y con hombres y mujeres adolescentes en Brasil. También son importantes las intervenciones a escala comunitaria que buscan cambiar normas que favorecen la violencia y que han surtido efecto en comunidades como Manchay en Lima Metropolitana.
Tercero, debemos trabajar en el empoderamiento económico de las mujeres y apoyarlas a lograr una autonomía que les permita romper con la violencia. Sin embargo, hemos descubierto que debemos ser cuidadosos en este punto, pues en el corto plazo estos programas pueden ser un detonante que desate la violencia por parte de las parejas. De ahí que el programa de microcrédito a mujeres Sumaq Warmi (mujeres valientes) que Finca Perú y la ONG Flora Tristán están desarrollando en Ayacucho y Huancavelica con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) incluya un componente de prevención de la violencia. 
Veinte años después de Belém do Pará, el balance es agridulce. Hoy la erradicación de la violencia contra las mujeres está en la agenda política y existen numerosas iniciativas que están dando buenos resultados. Sin embargo, los datos –y aquí vuelve a tomar la palabra el economista– nos dicen que aún queda mucho por hacer. Con creatividad, voluntad política e inversión inteligente de recursos en atención y prevención, el Perú está en condiciones de contribuir de forma decisiva a este cambio.


viernes, 18 de septiembre de 2015

Las mujeres y la ciencia económica

Karelys Abarca


El mundo de la ciencia económica, al igual que el de las ciencias puras, estuvo dominado históricamente por hombres, no obstante la realidad ha cambiado y tanto el presente como el futuro que se vislumbra, muestran importantes giros. De hecho son cada vez más las mujeres que se destacan en este campo. Nombres como los de Irma Adelman, experta en el área de la planificación del desarrollo; Graciela Chichilnisky, Doctora en Economía, Matemática y Experta en Cambio Climático; nos revelan que hay economistas mujeres que brillan con luz propia en el maravilloso mundo de esta ciencia.
Otros ejemplos dignos de mencionarse son Anne Krueger, Primera Subdirectora Gerente del Fondo Monetario Internacional hasta el 2006 y Economista en Jefe del Banco Mundial entre 1982 y 1986; Ana Schwartz, con sus notables trabajos centrados en la economía financiera y la transmisión internacional de la inflación, además del papel de los gobiernos en la política monetaria de los países. También nos encontramos a Alice Tepper, fundadora del Consejo de Prioridades Económicas de los Estados Unidos, conocida por movilizar el poder de los consumidores hacia prioridades justas y sostenibles. Son muchos los nombres de mujeres economistas con valiosos aportes de investigación, no sería posible mencionar todos esos aportes en un artículo.
Pero fue la estadounidense Elinor Ostrom, la primera mujer que alcanzó el Premio Nobel de Economía en el 2009, así como Gabriela Mistral fue la primera mujer y primera latinoamericana en alcanzar el Premio Nobel de Literatura. Elinor Ostrom ganó el Nobel de Economía como coautora de una investigación sobre la gobernanza económica, especialmente de los recursos compartidos, un tema muy importante en el mundo globalizado de hoy. Resulta increíble en este campo del saber hasta ahora sólo haya un Premio Nobel femenino.
Sin embargo, mi economista mujer favorita es y ha sido siempre Joan Violet Robinson, una británica considerada entres las más grandes economistas de todos los tiempos, aún así no ganó nunca el Nobel por sus tendencias políticas muy marcadas. Muchos economistas esperaban que Robinson recibiera el Nobel de Economía en 1975, pero eso jamás ocurrió.
El primer libro importante de economía de Joan Robinson fue “Economía de la competencia imperfecta”. En él planteaba un modelo de competencia entre empresas, cada una de las cuales tenía poder monopolista, con lo que fundó junto a la corriente del economista Chamberlin, las bases de la teoría de competencia monopolística.
En su primer libro y en artículos especializados, Joan Robinson mostró un estilo de escritura característico, tan sencillo que era capaz de explicar con pocas y sencillas palabras, complejos conceptos matemáticos. En la década de los treinta, Robinson formaba parte del “Cambridge Circus”, un grupo de economistas jóvenes que incluía a James Meade, Roy Harrold, Richard Kahn (que se convertiría en su esposo), Austin Robinson, entre otros. Este grupo se reunía para hablar de economía y en especial para discutir la “Teoría General” de Keynes. Buena parte de los artículos escritos por Joan Robinson en aquella época, aclaraba conceptos que Keynes no había dejado claros; por ejemplo fue ella la primera en definir el concepto de macroeconomía.
Joan Violet Robinson hizo aportes enormes en el estudio de la competencia imperfecta. Y es coautora de la famosa ecuación “Amoroso- Robinson”. También inició la “controversia de Cambridge”, atacando la idea de que el capital pudiese ser medido y agregado, convirtiéndose desde entonces en la postura de Cambridge; aunque en Estados Unidos, Samuelson y Solow defendían esta postura neoclásica, pero Robinson terminó ganando la batalla con ideas contundentes.
Finalmente, no se sabe si fue el género de Robinson quien le impidió ganar el Nobel de Economía o si fue su ideología política, pero sí se nota que estas condiciones personales frenaron su avance académico, pues aunque fue profesora en Cambridge desde 1928, obtuvo el cargo a plenitud en 1965, cuando su esposo se retiró de la universidad. Apenas pudo disfrutar pocos años de ese privilegio, pues se jubiló en 1971.
En el mundo del futuro, en un futuro tangible y cercano, auguro que veremos más mujeres economistas alcanzar el Nobel en este campo científico, por la importancia de las investigaciones que realizan y la abrumadora participación femenina en el mundo de las decisiones estratégicas del mundo global de hoy.
Karelys Abarca
http://www.americaeconomia.com/analisis-opinion/las-mujeres-y-la-ciencia-economica