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miércoles, 19 de julio de 2017

El argumento económico en favor de empoderar a las mujeres

18 de noviembre de 2016
Señoras y señores, distinguidos invitados, buenas tardes.
Estoy encantada de regresar a Lima, la ciudad que organizó con gran éxito las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial el año pasado.
Me complace también tener la oportunidad de dirigirme a los encargados de la formulación de políticas y a los líderes de la comunidad empresarial de una región tan dinámica como el APEC —hogar del 40% de la población mundial y origen de un 60% del producto económico mundial.
En particular, me complace hablar de un tema que me es tan cercano: el empoderamiento de las mujeres.
Isabel Allende, la renombrada novelista chilena, dijo una vez: “Si una mujer está empoderada, sus hijos y su familia van a estar mejor. Si las familias prosperan, el pueblo prospera, y al final también lo hace todo el país”.
En las últimas décadas, mujeres de todo el mundo han logrado sobrepasar las barreras del nivel de educación, la participación económica e, incluso, la representación política. Según el último Informe sobre la brecha mundial de género (Global Gender Gap Report) del Foro Económico Mundial, América Latina es la región donde los progresos, en términos absolutos, han sido mayores en los últimos diez años, seguida de Asia y la región del Pacífico. Por tanto, en algunos aspectos, el APEC va a la cabeza.
Y, aun así, estos avances importantes no han sido suficientes para cerrar la brecha de género. A nivel mundial, solo 55% de las mujeres tienen la oportunidad de participar en la fuerza laboral, frente a 80% de los hombres. Las mujeres siguen ganando aproximadamente la mitad que los hombres por la misma clase de trabajo, y representan únicamente 20% de los parlamentarios de todo el mundo [1] .
Es evidente que, en muchos lugares, la igualdad de género sigue siendo un objetivo difícil de alcanzar. El argumento ético en favor de la equidad de género es claro.Como también lo es el económico.
Ahora que los países en todo el mundo luchan por alcanzar un crecimiento más rápido de sus economías y reducir la desigualdad, aprovechar el enorme potencial de las mujeres puede suponer un punto de inflexión. Incluso me atrevería a ir más allá: no hay que pensárselo dos veces.
La labor realizada por el FMI demuestra claramente que empoderar a las mujerestiene efectivamente un irrefutable sentido económico. Y todos —gobiernos, sector privado e instituciones financieras internacionales— tienen un importante cometido.
1. ¿Por qué supone el empoderamiento de las mujeres un punto de inflexión?
En reiteradas ocasiones he manifestado que el crecimiento mundial ha sido demasiado bajo durante demasiado tiempo, y que además ha beneficiado a demasiado pocos. Algunos países afrontan transiciones, como el ajuste a la reducción de los precios del petróleo; otros se enfrentan a la fuerza inmutable del envejecimiento de la población y sus repercusiones sobre la fuerza laboral y el crecimiento de la productividad.
Las mujeres pueden ser la solución a estos problemas, básicamente por tres razones.
Primera razón: el empoderamiento de las mujeres puede impulsar el crecimiento y reducir la desigualdad. Si queremos que todo el mundo tenga un pedazo más grande de la torta, la torta tiene que crecer.
Los estudios que hemos llevado a cabo muestran que el incremento de la participación de la mujer en la fuerza laboral puede tener beneficios macroeconómicos significativos. Por ejemplo, si los países de América Latina aumentasen la participación laboral femenina hasta el nivel medio de los países nórdicos (que ronda el 60%), el PIB per cápita podría ser hasta un 10% más alto [2] .
La inclusión de género no solo respalda el crecimiento, sino que también es capaz de reducir la desigualdad del ingreso. Una vez más, nuestros estudios demuestran que pasar de un contexto de desigualdad de género perfecta a uno de igualdad de género perfecta equivale a reducir la desigualdad del ingreso de los niveles de Venezuela a los de Suecia [3] .
Así, una vez más, aprovechar el potencial de las mujeres no solo aumentará el tamaño de la torta, sino que hará que su reparto sea más equitativo.
La segunda razón por la cual el empoderamiento de las mujeres supone un punto de inflexión es que puede contribuir a mitigar los efectos demográficos.
Muchos países avanzados, y algunos de los emergentes también, tienen dificultades para elevar el potencial de crecimiento debido al envejecimiento de la población y la reducción de la fuerza laboral. Las mujeres pueden formar parte de la solución.
En Japón, por ejemplo, un incremento de la participación de la mujer en la fuerza laboral que la situase en los niveles del norte de Europa podría impulsar el crecimiento del PIB en hasta 0,4 puntos porcentuales durante los años de transición[4] . Como las tasas de crecimiento de Japón se situarán en torno al 0,5% este año y el próximo, los beneficios económicos pueden ser enormes.
Las consecuencias de dar empleo a un mayor número de mujeres muy calificadas sobre el crecimiento de la productividad en general podrían ser incluso más significativas: hasta 0,4 puntos porcentuales anuales en Canadá [5] .
Por tanto, el acceso de un mayor número de mujeres a la fuerza de trabajo ampliaría la reserva de talento del mercado laboral, impulsando la productividad y el crecimiento.
La tercera razón por la cual, en mi opinión, este es el punto de inflexión: una mayor participación económica de la mujer respalda la diversificación.
La caída de los precios del petróleo ha afectado especialmente a muchos países exportadores de materias primas. Es el caso de varios países del APEC, y de América Latina en general. Estos países afrontan ahora la ardua tarea de diversificar su economía para generar nuevos factores impulsores del crecimiento.
En este cometido, la inclusión de las mujeres puede ser de utilidad. En los países de bajo ingreso y en desarrollo, pasar de la desigualdad de género perfecta a la igualdad perfecta equivale a pasar de una economía muy poco diversificada a otra con una diversificación de las exportaciones normal [6] .
¿Cómo? Cerrar las brechas de género en educación amplía la reserva de capital humano, que es fundamental para la adopción e innovación tecnológicas. Cerrar las brechas de participación laboral incrementa también la capacidad de un país de crear y ejecutar ideas, algo esencial para la diversificación.
En resumidas cuentas: las mujeres son la solución a muchos de los problemas que afrontan hoy en día países de todo el mundo. Pueden cambiar las reglas del juego económico. La pregunta que debemos formularnos es clara: ¿Cómo podemos hacer para que más mujeres participen en la economía?
2. Cómo llegar al objetivo: El papel de cada uno
Los factores impulsores —y las trabas— son complejos y polifacéticos. Para reducir las brechas de género es necesario acordar un programa integral y contar con el compromiso de los gobiernos, el sector privado y las instituciones internacionales para con la equidad de género.
i) Gobiernos
Los gobiernos disponen de varias vías para demostrar su capacidad de liderazgo.
La política fiscal constituye un buen punto de partida, porque sabemos que su diseño puede ayudar a alcanzar los objetivos de igualdad de género.
Por ejemplo, las reformas fiscales que comportan una reducción de los impuestos sobre el ingreso secundario de una familia, que casi siempre es el de una mujer, pueden alentar a más mujeres a incorporarse al mercado laboral.
Canadá lo puso en práctica en la década de 1990, a través de una mejora de los incentivos de los ingresos secundarios, introduciendo recortes tributarios y prestaciones para las familias con hijos. Actualmente, la tasa de participación laboral femenina de Canadá está por encima del 80% y supera la de Estados Unidos, del 74% [7] .
También son importantes las políticas de respaldo a las familias, especialmente en los países de América Latina que han avanzado a pasos agigantados en la participación de las mujeres jóvenes en la fuerza laboral. Una vez que llegan a la edad fértil, es fundamental que existan políticas encaminadas a mantener su compromiso con el mercado de trabajo, y disponemos de muchos ejemplos de políticas que han funcionado.
En México, los servicios de guardería gratuitos o subvencionados prestados a través del programa Estancias Infantiles han contribuido a aumentar la probabilidad de que la madre tenga un trabajo. En Chile, el aumento del número de horas que los niños pasan en la escuela, a través del programa Jornada Escolar Completa, permite que las madres dispongan de más tiempo para trabajar más horas [8] .
Asimismo, los gobiernos pueden dar el ejemplo y ofrecer condiciones igualitarias a las mujeres. En más de 100 países existe por lo menos una traba jurídica que entorpece la participación económica de las mujeres. En algunos países, las mujeres no tienen derecho a firmar contratos, abrir una cuenta corriente o emprender acciones legales sin el consentimiento de su marido.
En este sentido, el caso de Perú representa un éxito notable. A partir de mediados de la década de 1990, Perú modificó las leyes que limitaban los derechos jurídicos de las mujeres. Una década más tarde, la participación de las mujeres en la fuerza laboral se había incrementado en 15 puntos porcentuales [9] .
Hemos observado resultados positivos similares también en otras regiones. Por ejemplo, luego de que Namibia reforzara los derechos jurídicos de las mujeres, entre ellos, la capacidad para firmar contratos, ejercer una profesión y abrir una cuenta de banco sin necesidad del permiso de su marido, la participación de la mujer en la fuerza laboral aumentó 10 puntos porcentuales.
Así pues, pequeños cambios jurídicos pueden marcar la diferencia.
ii) El sector privado
¿Y las empresas? Las empresas también pueden marcar la diferencia.
Uno de los ámbitos que reclama mayores avances es el acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad y consejos de administración. Según nuestros estudios, añadir una mujer a la alta gerencia o al consejo de administración sin variar el número de miembros se asocia a un incremento del rendimiento de los activos de 8-13 puntos básicos [10] .
En resumidas cuentas: ampliar el número de mujeres con cargos de responsabilidad es bueno. No obstante, en abril de 2015, de cada 100 miembros de consejos de administración de grandes empresas que cotizan en bolsa en Europa solo 23 eran mujeres, y únicamente el 4% de los directores ejecutivos de estas compañías eran mujeres.
Empoderar a las mujeres es, además, una buena práctica empresarial. ¿Qué quiero decir con eso?
Según un estudio llevado a cabo recientemente por Google, una de las características que comparten sus equipos de éxito es la capacidad de crear zonas de "seguridad psicológica", es decir, espacios en los que todos sus miembros se expresan más o menos en la misma proporción y sin miedo a ser avergonzados [11]. Dicho de otra forma: los equipos que dan la palabra a todos sus miembros, incluidas las mujeres —que suelen ser más tímidas y no se atreven a hablar—, logran aprovechar la diversidad de opiniones en beneficio de una mejora de los resultados empresariales [12] .
Para fomentar la equidad de género, además de dar voz, las empresas pueden asegurar que exista paridad salarial por idénticos puestos de trabajo y ampliar el acceso a la licencia por maternidad.
El sector financiero también puede aportar su grano de arena a la inclusión financiera de las mujeres, ámbito en el cual el Perú ha registrado avances encomiables. En 2014, cerca del 90% de las empresas tenían acceso a una cuenta corriente. Sin embargo, el nivel de acceso de las mujeres se situaba solo en el 22%, así que claramente puede hacerse mucho más para que aumente el número de mujeres que se incorporan a la red financiera, también en el sector informal.
iii) Instituciones financieras internacionales
Las instituciones financieras internacionales también tienen su cometido.
Para empezar, la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres están ahora entre las 17 prioridades de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas para alcanzar el crecimiento inclusivo en 2030.
Sin embargo, para lograr este objetivo habrá que mejorar los datos y la investigación para comprender mejor los factores impulsores del empoderamiento de las mujeres y seguir su evolución. Es aquí donde entran en juego instituciones como el FMI.
En los últimos años, hemos intensificado el estudio de temas de género. Muchos de los ejemplos a los que me he referido anteriormente se basan en este conjunto cada vez mayor de estudios. E iremos todavía más allá: pondremos en práctica estas conclusiones a través de nuestra labor de supervisión y nuestros programas.
Por ejemplo, hemos comenzado a incorporar objetivos de igualdad de género a las Consultas anuales del Artículo IV, donde la participación económica de las mujeres puede tener repercusiones importantes. Asimismo, hemos completado el análisis de 13 países, lo cual nos permitirá ofrecer recomendaciones de política "a medida" en materia de equidad de género.
Por otro lado, hemos incluido el objetivo de incrementar la participación económica de las mujeres en un programa respaldado por el FMI en Jordania. Y lo mismo estamos haciendo con el programa que anunciamos recientemente para Egipto, centrado en mejorar la seguridad de las mujeres en el transporte.
Queda muchísimo por hacer, pero la labor de promoción de la equidad de género definitivamente ha comenzado.
Conclusiones
En las dos últimas décadas, los países del APEC han avanzado notablemente hacia la mejora de la participación económica de las mujeres y se encuentran ahora en buenas condiciones para liderar el camino a seguir.
El FMI será su aliado en tan arduo proyecto.
Gracias.


[1] Foro Económico Mundial (2016). The Global Gender Gap Report 2015.
[2] Natalia Novta, Alejandro Werner y Joyce Wong (2016). Women at Work: Remarkable Achievement in Latin America and the Caribbean.
[4] Véase Chad Steinberg y Masato Nakane (2012). “Can Women Save Japan?Documento de trabajo del FMI 12/248.
[5] Véase Christine Lagarde (2016). To Boost Growth: Employ More Women. Concretamente, un incremento de un punto porcentual de la participación laboral de las mujeres con estudios superiores podría elevar el crecimiento general de la productividad laboral de Canadá entre 0,2 y 0,4 puntos porcentuales anuales.
[7] Véase Christine Lagarde (2016). To Boost Growth: Employ More Women.
[8] Natalia Novta, Alejandro Werner y Joyce Wong (2016). Women at Work: Remarkable Achievement in Latin America and the Caribbean.
Departamento de Comunicaciones del FMI

lunes, 28 de diciembre de 2015

La educación como vehículo para poner fin a la violencia contra las mujeres

ENVIADO POR ISABEL SANTAGOSTINO EL MIÉ, 12/09/2015
Las últimas luces del 2015 iluminan los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU (ODM) que incluyen la eliminación de disparidades de género en todos los niveles de educación. Aunque el número de países que han alcanzado la paridad de género en la educación primaria y secundaria entre 2000 y 2015 ha aumentado de 36 a 62, las niñas siguen enfrentando los retos más grandes, sobre todo en el acceso a la educación secundaria.

Las consecuencias negativas por la falta de educación son visibles a lo largo de la vida de una mujer.

Una niña sin educación es menos capaz de tomar decisiones propias sobre planificación familiar. Una niña tiene más probabilidades de tener problemas de salud y trastornos psicológicos, y sus hijos son más propensos a la desnutrición y analfabetismo. La educación es fundamental para el desarrollo de las aspiraciones y capacidades: una niña educada puede manejar mejor sus bienes y sus finanzas, y tiene más probabilidades de tener acceso al crédito.

El liderazgo de las mujeres y el acceso a los puestos de toma de decisión dependen también de su nivel de instrucción.

En el largo plazo, la falta de educación afecta las capacidades futuras de una mujer de buscar y obtener un empleo, y de tener un ingreso. La independencia económica se refleja no sólo en la capacidad que una mujer tiene de disponer de su dinero, ahorrar, adquirir bienes e invertir, sino también en su libertad de decidir librarse de relaciones domesticas abusivas, en particular de situaciones de violencia económica.


Finalmente, sin educación una mujer tiene más probabilidades de integrar la franja de pobreza.
 
Preferir invertir en la educación de los hijos varones, la división del trabajo del hogar por género y las largas distancias entre la casa y el colegio son sólo algunas de las barreras estructurales y normas sociales discriminatorias que contribuyen a la desigualdad de género en la educación. Una de las principales razones del bajo nivel de instrucción de las niñas y adolescentes es la violencia de género, y en particular el acoso sexual y el matrimonio infantil.

Es fundamental proteger a las niñas y adolescentes del acoso sexual, pues estas no sólo enfrentan la amenaza de la violencia en las calles, en el camino que hacen hacia y desde el colegio, sino también adentro de las mismas instituciones educativas. Los números hablan claro: en muchos países, la gran mayoría de mujeres ha sido víctima de acoso sexual en las calles o en lugares públicos (i) (pdf) . En los Estados Unidos el56% de las niñas y adolescentes de la escuela media y secundaria ha reportado haber sido víctima de alguna forma de acoso sexual en sus instituciones educativas (i); como consecuencia del acoso sexual, el 37% de las niñas reportó no querer ir más al colegio y el 10% tomó una ruta diferente para volver a casa.

Nuestro equipo ha publicado recientemente el informe Mujer, Empresa y el Derecho 2016: lograr la igualdad (i), que analiza, entre otros temas, la legislación sobre acoso sexual en la educación y en los espacios públicos en 173 economías. El informe concluye que a nivel mundial sólo una tercera parte de las economías tiene leyes que protegen a las mujeres del acoso sexual en las escuelas. El acoso sexual en lugares públicos es aún menos considerado, solo el 20% de las economías cubren este tipo de conducta en sus leyes nacionales.

El matrimonio infantil y los embarazos precoces son un barrera a la educación de las niñas y adolescentes, siendo la razón de aproximadamente 15-30% de abandonos escolares en la escuela secundaria. Algunos estudios han demostrado que en la África Sub-Sahariana, cada año de matrimonio precoz reduce la probabilidad de finalizar la escuela secundaria de cuatro puntos porcentuales, y el impacto es mayor en países donde el nivel de instrucción es más alto. No es una coincidencia que los países con las tasas más altas de matrimonio infantil  (i), sean también los países con las mayores disparidades de género en inscripción/matrícula en la escuela secundaria.

Un bajo nivel de educación es también la causa y consecuencia del matrimonio infantil: niñas con un menor acceso a la educación son más propensas a casarse jóvenes, y viceversa, el matrimonio infantil significa el final de la educación de una niña. En este caso, también los números son asombrosos: cada año 15 millones de niñas contraen matrimonio antes de los 18 años. El matrimonio infantil no solo tiene un impacto en el nivel educacional, sino que también conlleva una serie de problemas de salud y consecuencias sociales, como muerte, más riesgo de contraer VIH y violencia doméstica.
Mujer, Empresa y el Derecho (i) concluyó que tres economías – Líbano, Arabia Saudita y Sudán – no han establecido una edad mínima para contraer matrimonio. Catorce economías establecen la edad mínima entre 13 y 17 años: Afganistán; Armenia; Bahréin; Irán; Kuwait; Malasia; Malí; Papúa Nueva Guinea; Qatar; Ribera Occidental y Gaza; Siria; Timor-Leste; Uzbekistán; y Yemen. Pese que la mayoría de las economías establecen los 18 años o más como edad legal para contraer matrimonio para hombres y mujeres, casi el 85% de estas economías permite el matrimonio antes de esa edad previo consentimiento de los padres o con alguna forma de consentimiento legal, o en situaciones excepcionales, como el embarazo.

Los matrimonios precoces pueden representar un punto muerto para millones de niñas, como en el caso de 33 economías donde el matrimonio con una menor no constituye fundamento para la anulación del matrimonio. Esto, junto con la existencia de leyes consuetudinarias y normas sociales que validan estas prácticas, crea un vacío legislativo que permite perpetuar los matrimonios de menores de edad.

La violencia contra las mujeres es una plaga que puede ser combatida a través de la educación. Por ello, laCampaña de los 16 Días de Activismo Contra la Violencia de Género se enfoca con razón en la educación de las niñas; hagamos un llamado a trabajar todos y todas juntos en la creación de mejores sociedades y que todos sepan que la violencia de género y las disparidades en la educación se dirigen y afectan de manera desproporcionada a las niñas. Garantizar el acceso de una niña a la educación significa abrir las puertas a su infinidad de sueños y oportunidades.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

¿Existen diferencias entre hombres y mujeres a la hora de negociar?

Por 

A raíz del enojo de la actriz Jennifer Lawrence por no haber negociado un salario más alto con los ejecutivos del estudio Sony, académicas reflexionan sobre qué tan diferente negocian hombres y mujeres, cuál debería ser la actitud y cómo mejorar esta habilidad.

A principios de octubre, un ensayo escrito por la actriz Jennifer Lawrence sobre la remuneración en Hollywood generó mucha discusión acerca de cómo -y con qué eficacia- las mujeres negocian. En su ensayo, escrito para la revista digital Lenny, la actriz recuerda cómo se sentía de enojada por no haber negociado un salario más alto con los ejecutivos del estudio después de descubrir cuál era el salario pagado a sus colegas masculinos, que se hizo público por la filtración de correos electrónicos de Sony en 2014.
“Fui una pésima negociadora porque me di por vencida demasiado pronto”, escribió. “Estaría mintiendo si dijera que mi decisión no se vio influenciada por el deseo de caer bien, lo que me llevó a cerrar el trato sin haber luchado de verdad”.
El estudio de Lawrence plantea una serie de cuestiones. ¿Las mujeres tienen que negociar de una manera diferente a la de los hombres? ¿Hay una falta de confianza en ellas que las impide ser buenas negociadoras, como han sugerido Lawrence y otras personas? ¿Habría más de una forma de tener éxito en las negociaciones? ¿Cuál es la mejor estrategia de negocio: la búsqueda de un consenso o directamente atacar a la yugular? En una reciente conferencia de Wharton, Mujeres en los Negocios, un grupo de mujeres altamente cualificadas, profesionales con experiencia en las áreas de inversiones, capital riesgo, seguros, consultoría y derecho -algunas de ellas responsables de la gestión de miles de millones de dólares en sus compañías- discuten éstas y otras cuestiones.
Uno de los principales temas comentados fue cómo negociar: hacerlo de forma incisiva y dominante es algo prácticamente relegado a un segundo plano. El estilo más apropiado, tanto para hombres como mujeres, hace hincapié en la escucha y la construcción de un ambiente de colaboración. Según los panelistas, ésta es una de las opciones más productivas. Eileen Kisly, vicepresidente de planificación y analista de Prudential, dijo que hace años, cuando se la puso al frente de un equipo, su actitud era: “Voy a ser la número uno. Voy a ganar”. Ella añadió que las mujeres que no son valientes en el trabajo y no “ponen las manos en la masa” se arriesgan a ser ignoradas profesionalmente.“Creo que hoy las cosas son totalmente diferentes”, dijo. “Nuestra empresa y el mundo de los negocios, han evolucionado. Menos mal”.
Jennifer Pereira, directora de inversiones privadas directas de CPP Investment Board, también recuerda que cuando comenzó a negociar tenía profesionalmente la misma actitud: “Tengo que ganar, tengo que tener la razón, tengo que demostrar que tengo razón”.Lo que aprendí muy rápidamente, dijo, es que hay “más de una manera de estar en lo cierto […] Al final, lo que importa es cultivar una actitud de apertura y colaboración”.
¿Cuáles son los beneficios de dar prioridad a escuchar en una negociación? Jennifer Potenta, directora del grupo Corporate Private Placements, de MetLife, dijo: “Escuchar es muy importante porque a veces uno cree que sabe lo que la otra parte quiere, pero cuando decide oírla, de verdad escucha lo que realmente ésta quiere. En ese momento se toma una posición, una resolución que funcione para ambas partes”. Potenta dijo que las mujeres pueden tener una ventaja innata a la hora de escuchar. “Lo hago mejor que mis colegas hombres”.
Escuchar le ayuda a entender a su público, coincidió Kisly, y le permite identificar argumentos que considera importantes. “No es fácil dar un paso atrás y decir: Muy bien, voy a escuchar lo que otros tienen que decir. Por lo general, la combinación de ideas es una solución mejor que tu idea por sí misma”.
Rachel Krol, profesora del departamento de estudios de Derecho y Ética Empresarial de Wharton y moderadora del panel, señaló que escuchar es la clave para una negociación exitosa, a pesar de que puede parecer una posición más frágil.
“A veces pensamos que la persona que domina la transmisión de las ondas por el aire también controla la negociación y el espacio”.
Sin embargo, los estudios realizados sobre los vendedores más eficaces, por ejemplo, muestran que hablan sólo el 30% de las veces cuando se reúnen con un cliente. El resto del tiempo lo pasan escuchando o haciendo preguntas. Parece contradictorio, pero escuchar puede conferir una posición de fuerza para el negociador.
En estrecha relación con la escucha, la transparencia y la colaboración, la construcción de relaciones duraderas es igualmente importante. Pereira dijo que en su sector la tendencia es trabajar siempre con los mismos asesores. Un sujeto que está en el otro extremo de la negociación puede fácilmente en el futuro, cambiar de bando. “No siempre se sabe cuando alguien va a venir de nuevo a su vida. Es realmente muy importante negociar con integridad y construir continuamente buenas relaciones”.
“Las relaciones a largo plazo son muy importantes en mi segmento también, como en la industria de Jen”, dijo Potenta. “Nuestra principal preocupación es la inversión a largo plazo […] con las empresas y los bancos”. Ella dijo que pretende visitar un par de veces a lo largo del año sus contactos en 60 empresas con las que trabaja, o al menos llamarlas. Ella también piensa que en cualquier negociación, la integridad es fundamental. “Nunca apartarse de ella; no vale la pena. Para mí, mi integridad es un diferenciador”.
Devolver un par de pantalones
Para una buena parte del panel, las mujeres tienden a tener menos confianza que los hombres en la negociación, o infravalorarse y pensar “no son buenas en eso”. Beth Ann Day, directora general y directora de talento de AllianceBernstein, junto a Fatimah Gilliam, fundadora y consejera delegada del grupo Azara, empresa de servicios de consultoría de negocios en el área de liderazgo y estrategia, ofrecieron algunos consejos para que las mujeres superen estas barreras.
Day dijo: “Me vuelvo loca cuando escucho a una mujer que obtuvo su MBA de Wharton decir que no es buena para negociar y hablar en público. Bueno, usted no tiene que ser tan buena; simplemente tiene que hacer lo que hay que hacer [ … ] Piense, ‘tengo que hacer esto. Sólo así voy a progresar’”.
Ella añadió que la práctica también ayuda. Tanto Day como Gilliam dijeron que la práctica de la negociación en situaciones menores, en la vida cotidiana, se traduce en experiencia y confianza. Puede ser, por ejemplo, algo así como: devolver unos pares de pantalones después de haber expirado el plazo de devolución de 30 días; o, si se va a viajar, conseguir una habitación mejor en el hotel. “Una vez, estuve 45 minutos en el teléfono, discutiendo a puerta cerrada, de forma acalorada”, dijo Day. “Abrí la puerta y mi asistente me preguntó con quién estaba hablando. Le dije: ‘Acabo de convencer a American Airlines para que mejore mi condición de viajero frecuente, aunque yo no tenía los requisitos para ello [ … ] “Fue divertido. Me desafié a mí misma y he ganado”. 
“Creo sinceramente que para negociar mejor, se necesita práctica”, dijo Gilliam. “Es como cualquier otra cosa: jugar al tenis o convertirse en una gran pianista”. También abogó por el entrenamiento formal -ella misma estudió negociación en la Escuela Kennedy y de Derecho de Columbia- y añadió: “También me encanta viajar a los países en desarrollo sólo para regatear en los mercados de la calle”. Krol dijo algo en este sentido destacando que, cuando usted visita las empresas independientes, ella tiene la costumbre de preguntar cuánto descuento obtendría si pagara en efectivo. “Aprovechar estos pequeños momentos es una manera de construir la confianza”.
Cómo pedir un aumento
El proceso de negociación a la hora de pedir un aumento de sueldo, promoción o bonus puede ser un reto, pero es fundamental para el progreso de su carrera. Como directora de talento, Day dijo que tiene ese tipo de charla casi todos los días en su trabajo en representación de la empresa. Ella describió las diferencias entre cómo los hombres y las mujeres lidian con la situación.
“El macho típico con un MBA de Wharton habla todo el tiempo”, dijo. Con respecto a las mujeres: “La mitad de ellas nunca negocia nada conmigo; la otra mitad lo hace de forma muy intensa o como si pidiera disculpas, ‘Mira, me siento mal al hacerlo; odio negociar””. Como las mujeres no acostumbran a negociar con frecuencia, dijo, esos momentos adquieren proporciones “colosales”, a diferencia de lo que ocurre con los hombres, para los que la negociación es “normal” porque lo hacen todo el tiempo.
Day dijo que las mujeres deberían ser obligadas a negociar con regularidad y no dudar en pedir más, algo así como “un 20% más de aumento de lo esperado; o una promoción que debería haber ocurrido seis o 12 meses antes. A veces la respuesta es sí; a veces no, dijo, pero la idea es insistir y no pensar que la negociación es una cosa personal. Un beneficio adicional de este enfoque es que tu jefe se dará cuenta de que usted es una persona “ambiciosa, ávida y dispuesta a asumir más responsabilidad”.

Gilliam citó investigaciones que muestran que cuando las mujeres negocian para otra persona, a veces superan a los hombres, mientras que a la hora de negociar en nombre de sí mismas, su rendimiento no es tan bueno. Ella propuso entonces un truco mental para las mujeres: “Cambiar el punto de vista […] No pensar en sí mismas. Piense que está negociando para su familia. Si fuera una negociación salarial, piense que el aumento le permitirá tener más dinero para cuidar de sus padres cuando sean mayores. ¿Que tal?”. Si usted piensa que esto no es negociar “solo en su nombre”, dijo Gilliam, puede hacer que una persona sepa defender mejor sus intereses.
Gilliam dijo que las más jóvenes pueden quedarse rápidamente atrás si no piden un salario más alto desde el principio. Los datos muestran que incluso una pequeña diferencia en el incremento salarial, en algún lugar alrededor de $ 5000 se puede traducir en una pérdida de miles de dólares a lo largo de la carrera profesional. Si usted no pide, no recibirá, dijo Gilliam.
¿Menos confianza?
La confianza es algo tan importante en el lugar de trabajo que, para algunas personas, puede incluso superar la capacidad, dijo Gilliam. “Te encuentras con personas que parecen ser muy básicas, y son gente que ocupan posiciones senior. Y entonces uno se pregunta: ¿pero cómo llegó a esta posición?” Gilliam aconseja a las mujeres que trabajen en su confianza, porque” nadie quiere estar sometido a un tipo que no conoce muy bien el negocio […] Sin embargo, esta gente transmite más confianza que usted”.
Pereira fue un poco menos incisiva que Gilliam: “No me gustaría nada que las personas salieran de aquí con el siguiente pensamiento: ‘Bueno, tengo que construir esa confianza porque soy una mujer y me falta confianza'”, dijo. Hizo hincapié en que si bien las mujeres transmiten una imagen de menos confianza que los hombres en el entorno corporativo, los estudios sobre la mente de los hombres y las mujeres muestran que esto no puede ser un impedimento, sino una diferencia en la forma de expresar la confianza. “Por ejemplo, somos mucho más tranquilas en situaciones de estrés, en que hay que ser versátil o cuando las cosas van mal. El hombre a menudo se enoja, siente ‘pánico’, a falta de un término mejor”.
Sin embargo, ya que las empresas -y la sociedad en general- define la confianza de la manera en que la expresan los hombres, “es necesario trabajar ampliamente estos atributos reconocidos de forma más amplia”, dijo Pereira.
Fotos: Pixabay y con licencia de Creative Commons en Flickr. 

jueves, 15 de octubre de 2015

A pesar de los avances, la brecha global sigue restringiendo los derechos y las oportunidades económicas para las mujeres, sostiene el informe del Grupo Banco Mundial

La violencia y la falta de empleo son algunos de los principales obstáculos para las mujeres en los países en desarrollo
CIUDAD DE WASHINGTON, 9 de septiembre 2015.
En muchas economías en el mundo persisten barreras legales que impiden el avance económico de las mujeres, excluyéndolas de ciertos empleos, limitando su acceso al crédito y dejándolas desprotegidas contra la violencia, según el informe del Grupo del Banco Mundial, Mujer, Empresa y el Derecho 2016, presentado hoy.
El informe, que examina las leyes que impiden el empleo y la capacidad empresarial de las mujeres, concluye que éstas enfrentan restricciones al empleo en 100 de las 173 economías analizadas. Por ejemplo, en 41 economías las mujeres tienen prohibido trabajar en ciertos empleos en recintos industriales; en 29 economías se les prohíbe trabajar de noche y en 18 economías no pueden obtener un empleo sin el permiso de sus esposos. Sólo en la mitad de las economías analizadas existe la licencia por paternidad, y menos de la tercera parte cuenta con licencias parentales, lo cual limita las posibilidades de los hombres de compartir responsabilidades en la crianza de los hijos. En 30 economías, las mujeres casadas no pueden elegir dónde vivir y en 19 economías están obligadas por ley a obedecer a sus esposos.
Estas y otras desigualdades analizadas en el informe tienen consecuencias a largo plazo pues perjudican, no solo a las mujeres, sino también a sus hijos, sus comunidades y las economías de sus países. El informe calcula casi 950 situaciones de desigualdad de género, en el marco de siete indicadores.
“Es una grave injusticia cuando las sociedades establecen restricciones legales que limitan las posibilidades de las mujeres para conseguir empleo o participar en la vida económica. Las mujeres, al igual que los hombres, merecen tener oportunidades para desplegar su potencial, sin importar dónde vivan. Estas restricciones son además perjudiciales desde el punto de vista económico. Las mujeres representan más de la mitad de la población mundial. No podemos darnos el lujo de desaprovechar ese potencial, ya sea porque las leyes no logran proteger a las mujeres contra la violencia o porque las excluyen de las oportunidades financieras, de la posesión de bienes o del ejercicio de una profesión”, afirmó Jim Yong Kim, presidente del Grupo del Banco Mundial. “Cuando las mujeres pueden trabajar, administrar ingresos y dirigir empresas, los beneficios se extienden mucho más allá del nivel individual y alcanzan a los hijos, a las comunidades y a las economías en su totalidad. No descansaremos hasta que las mujeres gocen de plenos derechos económicos en todo el mundo”.
Una reducida igualdad de género en la ley se asocia con un número menor de niñas en las escuelas secundarias, menos mujeres empleadas o en la gestión de empresas, y una diferencia más marcada entre los salarios de hombres y mujeres. Donde la ley no protege contra la violencia doméstica, es probable que las mujeres vivan menos años. Pero donde los gobiernos apoyan el cuidado infantil, las mujeres tienen más probabilidades de tener un empleo.
"Es muy significativo que, si bien casi todos los países del mundo declaran que no se debería discriminar a la mujer, esto es lo que ocurre invariablemente en la práctica, aunque en grados muy diferentes. Cuando se recopila cuidadosamente información empírica sobre la situación real de la vida económica en todo el mundo, se observa con claridad que las mujeres enfrentan numerosas restricciones en sus lugares de trabajo y que la eliminación de esos obstáculos permitiría desplegar energía e impulsar el crecimiento. Resulta alentador que algunos países, como Kenya, estén impulsando reformas para lograr condiciones equitativas”, afirmó Kaushik Basu, primer vicepresidente y economista principal del Banco Mundial. “Espero que este informe motive a los gobiernos de todo el mundo a tratar de igual manera a hombres y mujeres en la fuerza laboral y contribuya a alcanzar la meta colectiva de un mundo sin pobreza extrema y con oportunidades para todos”.
En el informe se observa que en 18 economías las mujeres no tienen restricciones legales en las áreas analizadas. Estos son: Armenia, Canadá, España, Estonia, Hungría, Kosovo, Malta, México, Namibia, Nueva Zelandia, Países Bajos, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, República Eslovaca, Serbia, Sudáfrica y Taiwán (China).
Bajo el título Lograr la igualdad, el informe señala que en los últimos dos años la mayoría de las reformas dirigidas a generar condiciones más equitativas para las mujeres se llevaron a cabo en las economías en desarrollo. Con respecto a la distribución regional, 19 reformas fueron implementadas en Europa y Asia Central, 18 en África al Sur del Sahara, 16 en América Latina y el Caribe, 12 en Oriente Medio y el Norte de África, y 11 en Asia Oriental y el Pacífico. Asia Meridional fue la región que  realizó la menor cantidad, con sólo 3 reformas.
En las economías de ingreso alto que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), donde las mujeres gozan de una amplia igualdad, se continuó a trabajar para promover las oportunidades económicas de las mujeres. Doce economías adoptaron 15 reformas en esta región en los últimos dos años.
El informe también señala que las leyes que protegen a las mujeres contra la violencia doméstica son siempre más comunes en el mundo, en parte como respuesta a los crecientes esfuerzos y compromisos internacionales en contra de la violencia contra la mujer. Actualmente, 127 economías han adoptado leyes contra la violencia doméstica, mientras que hace 25 años, casi ningún país contaba con normas de este tipo. No obstante, en 46 economías analizadas aún no se han establecido estas protecciones legales.
"A pesar de los avances, persisten las desigualdades. En los últimos dos años, solo cuatro economías (Croacia, Hungría, Kenya y Nicaragua) han reformado su legislación para mejorar los derechos de propiedad de la mujer, y dos economías (Egipto y Mozambique) han promulgado leyes para proteger a las niñas del acoso sexual en las escuelas, con el objetivo de facilitar su acceso a la educación secundaria", señalóAugusto López-Claros, director del Grupo de Indicadores Globales del Banco Mundial, que elabora el informe.
"Estos ejemplos ponen de manifiesto un enorme programa inconcluso de reformas que beneficiará no sólo a las mujeres, sino también a sus familias y sus comunidades",añadió López-Claros.
En efecto, el 90 por ciento de las economías analizadas tienen por lo menos una ley discriminatoria hacia la mujer. Las desigualdades de género más difundidas se vinculan con las normas laborales, que son distintas para hombres y mujeres en todas las economías analizadas por el informe. Algunas de estas diferencias -viabilizan la participación de la mujer en la fuerza laboral, pero muchas otras la impiden. El país con más obstáculos relacionados con el empleo es Rusia, donde las mujeres están excluidas de un total de 456 trabajos.
Las mujeres en Oriente Medio y el Norte de África enfrentan la mayor cantidad de limitaciones -cuando miramos en su totalidad todos los indicadores analizados por el informe. Las leyes que prohíben que las mujeres casadas se conviertan en jefas de su hogar, soliciten su pasaporte u obtengan empleo sin permiso de sus esposos tienen el efecto de impedir la actividad empresarial y el empleo formal. En esta región se encuentran 11 de las economías más restrictivas del mundo: Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Iraq, Jordania, Kuwait, Omán, Qatar, Siria, y Yemen. . Junto con Afganistán, Brunei, Mauritania y Sudán,  éstas conforman las 15 economías más restrictivas en términos de posibilidades para las mujeres poder trabajar o establecer una empresa, según se mide en el informe.
Las barreras al progreso económico de la mujer también abundan en Asia Meridional, región que se encuentra rezagada respecto a otras en la aplicación de reformas que promuevan una mayor igualdad de género. En los últimos dos años, solo se han puesto en marcha tres reformas en dos de las economías de la región.
En África al Sur del Sahara, las iniciativas de reforma mostraron un ritmo sólido, con 18 reformas en los últimos dos años. La región alberga a casi la tercera parte de las 30 economías más restrictivas del mundo, pero también a 2 de las 18 economías en las que no hay barreras de género.
En América Latina y el Caribe, continuaron las reformas y casi todas las economías de la región cuentan ahora con leyes que protegen a la mujer contra la violencia doméstica, aunque su aplicación sigue representando un desafío. Además, aún persisten numerosas restricciones en las oportunidades de empleo.
La región de Europa y Asia Central destaca como una de las más avanzadas en términos de derechos de propiedad y de sucesión, acceso al crédito y licencia por maternidad y paternidad. No obstante, las leyes laborales continúan limitando innecesariamente el acceso de la mujer a muchos trabajos.
En la región de Asia Oriental y el Pacífico, se han logrado avances significativos en la inclusión económica de la mujer, como la promulgación de leyes laborales. Las economías de esta región muestran además innovadores mecanismos de acceso al crédito y políticas fiscales orientadas a respaldar las oportunidades económicas de la mujer.
"A pesar que las leyes no garantizan un trato igual para las mujeres, son el primer paso hacia la creación de un terreno de juego parejo, donde las mujeres tengan la oportunidad de prosperar", afirmó Sarah Iqbal, autora principal del informe.
El informe completo y la base de datos están a disposición en: http://wbl.worldbank.org.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Las mujeres y la ciencia económica

Karelys Abarca


El mundo de la ciencia económica, al igual que el de las ciencias puras, estuvo dominado históricamente por hombres, no obstante la realidad ha cambiado y tanto el presente como el futuro que se vislumbra, muestran importantes giros. De hecho son cada vez más las mujeres que se destacan en este campo. Nombres como los de Irma Adelman, experta en el área de la planificación del desarrollo; Graciela Chichilnisky, Doctora en Economía, Matemática y Experta en Cambio Climático; nos revelan que hay economistas mujeres que brillan con luz propia en el maravilloso mundo de esta ciencia.
Otros ejemplos dignos de mencionarse son Anne Krueger, Primera Subdirectora Gerente del Fondo Monetario Internacional hasta el 2006 y Economista en Jefe del Banco Mundial entre 1982 y 1986; Ana Schwartz, con sus notables trabajos centrados en la economía financiera y la transmisión internacional de la inflación, además del papel de los gobiernos en la política monetaria de los países. También nos encontramos a Alice Tepper, fundadora del Consejo de Prioridades Económicas de los Estados Unidos, conocida por movilizar el poder de los consumidores hacia prioridades justas y sostenibles. Son muchos los nombres de mujeres economistas con valiosos aportes de investigación, no sería posible mencionar todos esos aportes en un artículo.
Pero fue la estadounidense Elinor Ostrom, la primera mujer que alcanzó el Premio Nobel de Economía en el 2009, así como Gabriela Mistral fue la primera mujer y primera latinoamericana en alcanzar el Premio Nobel de Literatura. Elinor Ostrom ganó el Nobel de Economía como coautora de una investigación sobre la gobernanza económica, especialmente de los recursos compartidos, un tema muy importante en el mundo globalizado de hoy. Resulta increíble en este campo del saber hasta ahora sólo haya un Premio Nobel femenino.
Sin embargo, mi economista mujer favorita es y ha sido siempre Joan Violet Robinson, una británica considerada entres las más grandes economistas de todos los tiempos, aún así no ganó nunca el Nobel por sus tendencias políticas muy marcadas. Muchos economistas esperaban que Robinson recibiera el Nobel de Economía en 1975, pero eso jamás ocurrió.
El primer libro importante de economía de Joan Robinson fue “Economía de la competencia imperfecta”. En él planteaba un modelo de competencia entre empresas, cada una de las cuales tenía poder monopolista, con lo que fundó junto a la corriente del economista Chamberlin, las bases de la teoría de competencia monopolística.
En su primer libro y en artículos especializados, Joan Robinson mostró un estilo de escritura característico, tan sencillo que era capaz de explicar con pocas y sencillas palabras, complejos conceptos matemáticos. En la década de los treinta, Robinson formaba parte del “Cambridge Circus”, un grupo de economistas jóvenes que incluía a James Meade, Roy Harrold, Richard Kahn (que se convertiría en su esposo), Austin Robinson, entre otros. Este grupo se reunía para hablar de economía y en especial para discutir la “Teoría General” de Keynes. Buena parte de los artículos escritos por Joan Robinson en aquella época, aclaraba conceptos que Keynes no había dejado claros; por ejemplo fue ella la primera en definir el concepto de macroeconomía.
Joan Violet Robinson hizo aportes enormes en el estudio de la competencia imperfecta. Y es coautora de la famosa ecuación “Amoroso- Robinson”. También inició la “controversia de Cambridge”, atacando la idea de que el capital pudiese ser medido y agregado, convirtiéndose desde entonces en la postura de Cambridge; aunque en Estados Unidos, Samuelson y Solow defendían esta postura neoclásica, pero Robinson terminó ganando la batalla con ideas contundentes.
Finalmente, no se sabe si fue el género de Robinson quien le impidió ganar el Nobel de Economía o si fue su ideología política, pero sí se nota que estas condiciones personales frenaron su avance académico, pues aunque fue profesora en Cambridge desde 1928, obtuvo el cargo a plenitud en 1965, cuando su esposo se retiró de la universidad. Apenas pudo disfrutar pocos años de ese privilegio, pues se jubiló en 1971.
En el mundo del futuro, en un futuro tangible y cercano, auguro que veremos más mujeres economistas alcanzar el Nobel en este campo científico, por la importancia de las investigaciones que realizan y la abrumadora participación femenina en el mundo de las decisiones estratégicas del mundo global de hoy.
Karelys Abarca
http://www.americaeconomia.com/analisis-opinion/las-mujeres-y-la-ciencia-economica