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domingo, 17 de enero de 2016

Cobertura universal de salud: es hora de actuar


Por Jim Yong Kim, Presidente del Grupo del Banco Mundial.
En 1961, Japón instauró la cobertura universal de salud, un logro notable en un país que acababa de salir de un conflicto. La atención de salud de amplio acceso, asequible y de calidad ayudó a los residentes de Japón a tener vidas más saludables, largas y prósperas que las personas de casi todos los demás países del mundo.
Sin embargo, existen otros miles de millones de personas —en especial en los países en desarrollo— que ni siquiera pueden acceder a una atención básica. Las estimaciones sugieren que solo el 65 % de la población mundial tenía acceso a servicios de salud básicos en 2013.
​La presidencia del Grupo de los Siete (G-7) a la que accederá Japón representa una oportunidad única para remediar este inconveniente y avanzar hacia la cobertura universal de salud en todos los países. Desde que Japón instauró la cobertura universal de salud, ayudó a globalizar el concepto, compartiendo conocimientos y recursos y movilizando voluntades políticas.
En la cumbre del G-8 de 2008, el Gobierno propuso un enfoque integral para el fortalecimiento del sistema de salud. El activismo de Japón es una de las principales razones por las que la cobertura universal de salud es una de las metas de los objetivos de desarrollo sostenible. La conferencia realizada esta semana en Tokio sobre la cobertura universal de salud en la nueva era de desarrollo muestra que el apoyo y el compromiso con el movimiento nunca han sido mayores.
El desarrollo de ese respaldo político llevó tiempo. Hace más de 35 años, en Alma Ata, Kazajstán, los líderes mundiales del área de salud se comprometieron a ofrecer atención de salud universal antes del año 2000, enfatizando las necesidades de los países más pobres. No obstante, después de la reunión de Alma Ata, muchas organizaciones, incluido el Banco Mundial, consideraron que este enfoque integral era demasiado caro y poco concentrado.
Desde entonces, las epidemias de VIH/sida, tuberculosis y gripe se han cobrado la vida de millones de personas y generado pérdidas económicas por decenas de miles de millones de dólares en muchos de los países más pobres del mundo. En los últimos dos años, el virus del Ébola mató a más de 11 000 personas y causó pérdidas por miles de millones de dólares en Guinea, Liberia y Sierra Leona, en gran medida porque esos países no lograron elaborar sistemas de salud con capacidad de adaptación y sustentables.
No podemos darnos el lujo de seguir posponiendo la acción. Los expertos prevén que es probable que en los próximos 30 años enfrentemos una pandemia como la gripe española de 1918, que podría matar hasta a 30 millones de personas en 250 días y reducir el producto interno bruto mundial casi en un 5 %, lo que equivale a cerca de US$4 billones.
La buena noticia es que el mundo está haciéndose eco de las prioridades de Japón de desarrollar sistemas de salud sostenibles y con capacidad de adaptación y mejorar la arquitectura mundial en materia de salud para responder a las emergencias de salud pública. El Grupo Banco Mundial está trabajando con otras organizaciones para hacer su parte.
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Una de nuestras iniciativas más nuevas es el Servicio Mundial de Financiamiento para la Iniciativa Cada Mujer, Cada Niño. Esta asociación liderada por los países acelerará las iniciativas tendientes a terminar con la mortalidad materna e infantil prevenible antes de 2030. Cumple una función catalizadora respecto de los países pobres para que aumenten sus inversiones en servicios de salud de primera línea y su preparación aumentando la cantidad de donaciones y de financiamiento de bajo costo disponible para las necesidades en términos de salud que identifiquen los países después de cumplir con sus metas de desempeño.
El Mecanismo Mundial de Financiamiento también tiene vínculos con la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo del Grupo Banco Mundial para los más pobres, ya que posibilita un nivel aún mayor de financiamiento para fortalecer los sistemas de salud. La AIF es nuestra fuente más grande de apoyo para la salud en los países en desarrollo. Las generosas contribuciones de Japón y otros países a la AIF han sido centrales para aportar servicios de salud básicos de calidad a las personas más pobres y vulnerables del mundo.
Por solicitud del G-7 y del G-20, el Grupo Banco Mundial está trabajando con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros asociados para desarrollar una respuesta integral a las pandemias. Una parte crítica del marco que estamos desarrollando es el Mecanismo de Financiamiento de Emergencia en caso de Pandemias. Ese mecanismo apunta a eliminar las restricciones financieras que impiden la respuesta rápida y eficaz ante una epidemia, utilizando financiamiento público y privado acordado previamente, lo que incluye aprovechar los recursos de los mercados de seguros y de capitales. Ayudaría a salvar vidas y a proteger a las economías.
El próximo paso tendría que ser una OMS sólida y bien financiada. Las reformas en marcha para fortalecer la capacidad de respuesta de emergencia de la OMS son un buen comienzo. Debemos financiar totalmente su fondo de contingencia para emergencias.
También necesitamos un nuevo mecanismo internacional diseñado para que la comunidad de gestión de riesgo de pandemias rinda cuentas. Ese organismo debe ser apolítico, técnico e independiente de los países, las instituciones o los donantes. Debe tener el mandato, el financiamiento y la autoridad necesarios para evaluar los planes de preparación y respuesta de los Gobiernos, las instituciones internacionales, el sector privado, la sociedad civil y las comunidades. Este grupo de expertos respetados, hablando con franqueza a los niveles más altos del sistema mundial, generaría medidas de toda la comunidad de respuesta ante casos de pandemias.
La presidencia del G-7, a la que Japón accederá en mayo, es nuestro momento para actuar. En la cumbre de Isay-Shima, tenemos la oportunidad de actuar al fin sobre la promesa incumplida de Alma Ata y avanzar rápidamente hacia la cobertura universal de salud. También es nuestra oportunidad de prepararnos antes de que llegue la próxima pandemia. El cumplimiento de estas metas será un salto cualitativo para la salud y el bienestar económico de las personas.
*Esta columna fue publicada con anterioridad en la zona de blogs del sitio web del Banco Mundial.

domingo, 15 de noviembre de 2015

LA DIABETES. Enfermedad que necesita ser prevenida

 Por: Herminio Ludeña Enciso (*)
La diabetes es una enfermedad que necesariamente debe ser prevenida, ello debido a que es una enfermedad incurable, no existen fármacos o formas de curarla cuando ya se presenta la enfermedad y esta acompañara al paciente durante toda su vida. Según expertos en la materia ni siquiera los tratamientos con células madres, ni la medicina alternativa son eficaces para curar la diabetes.
Esta enfermedad se presenta en todo el mundo, pero en los países emergentes se está propagando más. En el Perú, según el primer estudio nacional de la prevalencia de la diabetes, reveló que cerca de un millón de personas mayores de 25 años tienen diabetes en el Perú. Además, dicho estudio demostró que otras dos millones de personas padecen los síntomas de una pre-diabetes.
En resumen diremos que la diabetes es una enfermedad crónica pero tratable y prevenible. Se puede presentar a cualquier edad y durante toda la vida.
Causas.- La insulina es una hormona producida en el páncreas por células especiales, llamadas beta. La insulina es necesaria para mover el azúcar en la sangre (glucosa) hasta las células. Dentro de las células, ésta se almacena y se utiliza posteriormente como fuente de energía.
Cuando usted tiene diabetes tipo 2, los adipocitos, los hepatocitos y las células musculares no responden de manera correcta a dicha insulina. Esto se denomina resistencia a la insulina. Como resultado de esto, el azúcar de la sangre no entra en estas células con el fin de ser almacenado como fuente de energía.
Cuando el azúcar no puede entrar en las células, se acumula un nivel alto de éste en la sangre, lo cual se denomina hiperglucemia.
Por lo general, la diabetes tipo 2 se desarrolla lentamente con el tiempo. La mayoría de las personas con esta enfermedad tienen sobrepeso o son obesas en el momento del diagnóstico. El aumento de la grasa le dificulta al cuerpo el uso de la insulina de la manera correcta.
La diabetes tipo 2 puede presentarse también en personas delgadas. Esto es más común en los ancianos.
Los antecedentes familiares y los genes juegan un papel importante en la diabetes tipo 2. Un bajo nivel de actividad, una dieta deficiente y el peso corporal excesivo alrededor de la cintura aumentan el riesgo de que se presente esta enfermedad. 
Algunos factores de riesgo que predisponen a un individuo a desarrollar diabetes mellitus tipo 2 incluyen:
·         Los antecedentes familiares y la genética, juegan un papel importante.
·         Un bajo nivel de actividad (sedentarismo)
·         Una dieta deficiente
·         Peso excesivo,[] especialmente alrededor de la cintura
·         Etnia (las poblaciones de afroamericanos, hispanoamericanos e indígenas americanos tienen altos índices de diabetes) []
·         Edad superior a 45 años
·         Intolerancia a la glucosa identificada previamente por el médico[
·         Presión arterial alta (Hipertensión)
 Colesterol HDL de menos de 35 mg/dL o niveles de triglicéridos superiores a 250 mg/dL (Dislipidemia)
·         Antecedentes de diabetes gestacional en las mujeres.
Síntomas.- Mencionaremos los principales síntomas a fin de que todas las personas estén enteradas de lo que le va suceder si no se adapta a un sistema dietético adecuado, a lo cual debe sumar la práctica de ejercicios físicos convenientes. La planificación de comidas consiste en elegir alimentos saludables y en comer la cantidad adecuada, a la hora adecuada. Suelen trabajar en colaboración con el médico y el nutricionista para aprender qué cantidades de grasa, proteína y carbohidratos necesita en la dieta.[ Es necesario que los planes específicos de comidas se adapten a los hábitos y preferencias personales.
Cuando la enfermedad está ya avanzada, se observan los siguientes síntomas: sed constante, aumento del apetito, calambres, deseo frecuente de orinar, visión  borrosa cansancio, descenso de peso, entre los síntomas principales.
La diabetes debe prevenirse mediante una buena alimentación y con ejercicios físicos adecuados. Debemos tener en cuenta lo que menciona el Dr. C. Everett Koop, en el libro “Salud es Riqueza”, “La obesidad, la diabetes tipo 2 y la disfunción cardiovascular comparten un conjunto de síntomas comunes (exceso de grasa corporal, niveles elevados de insulina y azúcar en la sangre, insensibilidad a la insulina, niveles altos de colesterol y triglicéridos, disfunción endotelial y deficiencia de óxido nítrico, entre otros) y deficiencia de nutrientes (de coenzima Q10, L- arginina, cromo, vitamina D, antioxidantes y ácidos grasos esenciales, como el omega 3)”.
De acuerdo a lo que hemos manifestado la nutrición es muy importante en el hombre a fin de mantener nuestra salud, la evolución de nuestros cuerpos será adecuada cuando le brindamos todos los nutrientes esenciales: aminoácidos, carbohidratos, ácidos grasos, vitaminas, minerales, etc. en las cantidades adecuadas. Para lo cual debemos conocer los alimentos que nos pueden proporcionar los nutrientes que necesitamos.
En las próximas décadas los estudios sobre la nutrición  serán mucho más importantes que la medicina que se enseña en las diferentes universidades.
Actualmente ya existen muchos médicos que están investigando, estudiando y adecuando las nuevas formas de encarar esta y otras enfermedades, mediante una adecuada alimentación y otras actividades paralelas. De acuerdo con algunos estudios que podemos observar en el libro “La gran revolución de las grasas”, nos dan grandes diferencias – respecto a lo que recomiendan los médicos tradicionales – para enfrentar a la diabetes “Las vitaminas, los minerales y las proteínas son nutrientes primordiales para los complejos cambios químicos, pero solo la glucosa provee de energía al cerebro. Asimismo, únicamente el cerebro y el hígado son capaces de disponer de la glucosa libremente y en todo momento; todas las demás células del cuerpo son impermeables a ella, a no ser que la insulina les abra la puerta”.
El tipo 1 de la diabetes es el que no produce insulina y por ello se le denomina insulinodependiente, pero en el 90 al 95 por ciento de casos de diabetes no hay insulinodependencia: a este grupo se les denomina como diabéticos del tipo 2. En estos casos (diabetes tipo 2), la insulina es liberada después de la comida, pero la diferencia está en que el cuerpo ya no responde al estimulo insulinico, es decir existe una insensibilidad a la insulina, a ello denominamos resistencia insulínica.
Los niveles altos de insulina bloquean la quema de grasas y, a la vez, incrementan el apetito por los carbohidratos, razón por la cual la gran mayoría de diabéticos tienen sobrepeso u obesidad. Durante años, las células estuvieron abriendo sus puertas a la glucosa; durante años se abusó de las harinas refinadas y los azúcares; el cuerpo tuvo que arreglárselas como pudo, almacenando este exceso bajo la forma de glicógeno y grasa. Ahora las células están saturadas, empalagadas de tanta azúcar, tienen suficiente almacenado como para seguir andando por mucho tiempo. Las células entonces cierran sus puertas y cambian la cerradura, la llave de la insulina ya no sirve para abrirlas. El cuerpo debe así llamar a los refuerzos de insulina; el páncreas pasa a segregar más y la sangre se convierte en una densa mermelada de glucosa, insulina y colesterol.
El mundo está cada día más poblado de diabéticos y del precursor silencioso de este mal: la condición conocida como resistencia insulínica. Esta condición subsiste en amplios sectores de la sociedad, sobre todo en aquellos con dificultad para perder peso, hasta que se declara la diabetes”.
Literatura citada.-
1.      Ignaro, L., Myers, A. Salud es riqueza. Health Value Publications. Primera Edición. Estados Unidos, 2011. 173 pp.
2.      Ignaro, L., et al. Pomegranate juice protects nitric oxide against oxidative destruction and enhances the biological actions of nitric oxide. Nitric Oxide, 2006 Sep; 15(2): 93-102.
3.      Pories WJ, Mehaffy JH, Staton KM. The surgical treatment of type two diabetes mellitus. Surg Clin North Am. 2011;91:821-836.
4.      Sacha Barrio, A. La gran revolución de las grasas. Ed. Planeta. 2003. 208 pp.

viernes, 23 de octubre de 2015

EL CORAZÓN NO ES UN JUEGO, 4 PRINCIPIOS PARA MANTENERLO SANO

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Si bien en América Latina, la carga de las enfermedades cardiovasculares sigue en aumento, esta situación debería alentar más acciones de salud pública para mitigar sus consecuencias. En el día del corazón, este 29 de septiembre, te contamos cómo podemos combatir esta enfermedad desde diferentes frentes como son las políticas públicas y nuestras prácticas diarias.
Los factores de riesgo para las enfermedades cardiovasculares son bien conocidos y las acciones para mitigarlos son simples:
  1. comer saludablemente
  2. realizar ejercicio físico
  3. no fumar y ni beber alcohol en exceso
  4. acudir a revisiones médicas periódicas conforme la edad avanza
¿Por qué no todos podemos lograrlo?
El cambio de conducta hacia los hábitos saludables es difícil. Las elecciones individuales son influidas por factores sociales, ambientales y económicos. Además no siempre se tienen los recursos para acudir a recibir atención médica, o ésta no siempre es accesible, principalmente en el medio rural y si existe, en muchos casos, no tiene una orientación preventiva sino curativa.
¿Cuál es la situación en América Latina?
En nuestra región, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte. Ocurren casi un millón anualmente y el número va en aumento.  La enfermedad coronaria y la enfermedad cerebrovascular causan el 42.5% y 28.8% del total de fallecimiento por enfermedad cardiovascular en la región.
El Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (Institute for Health Metrics and Evaluation)  permite construir distintos escenarios de la carga de enfermedad. La imagen más abajo contrasta todas las muertes, por todas las edades y por ambos sexos que ocurrieron entre 1990  y 2013 en América Latina. Sus estudios nos dicen que las muertes por infarto agudo de miocardio y por enfermedad cerebrovascular entre los años 1990 y 2013 son las dos primeras causas y representan el 25%. Al comparar estos años, el porcentaje va en aumento.
Al analizar en detalle, los avances son mixtos. Mientras que algunos de nuestros países, como Argentina, Chile, Brasil y Colombia han reducido la mortalidad por enfermedad cardiovascular; en otros, como México, y las regiones de América Central y el Caribe, el aumento es evidente. Las consecuencias son visibles en términos de la necesidad de incrementar el gasto en salud y en el número creciente de muertes prematuras y evitables.
La buena noticia es que el 80% de estas muertes son prevenibles. La mala noticia es que todavía no logramos desarrollar estrategias efectivas para lograr esta reducción en toda la región y aún peor, la salud pública todavía no logra tener una presencia contundente en las reformas de salud de muchos de nuestros países.
Las acciones de salud pública no siempre son fáciles de promover para los gobiernos. 
Existe una competencia permanente de recursos en función de prioridades, fundamentalmente la atención curativa, y en la práctica, la capacidad de implementación para políticas y programas de salud pública requiere de flexibilidad, reforzamiento constantes y sobre todo de una perspectiva intersectorial.
Las leyes anti-tabaco, las estrategias de reducción de sal en el pan, y de no poner el salero en la mesa de los restaurantes, junto con la promoción del uso de bicicletas públicas y los impuestos a las bebidas azucaradas, son algunas de las medidas de salud pública que han tenido eco en otros sectores. Todavía necesitamos más acciones que contribuyan a la reducción de los factores de riesgo previamente señalados en nuestra región.
En América Latina también existen esfuerzos crecientes para fortalecer la infraestructura para realizar estudios que se traduzcan en mejoras en políticas y programas de salud dirigidos a las enfermedades cardiovasculares y sus factores de riesgo. Por ejemplo, el Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria está realizando el Estudio CESCAS, Salud cardiovascular de la población del Cono Sur.Dichos estudios, enfocados en el ámbito de la ciencia de la implementación, están orientados a llevar a cabo intervenciones complejas para cambiar la conducta de los pacientes y de los usuarios en lo referente a la enfermedad cardiovascular. La evidencia derivada de estos estudios indudablemente será útil y generará nuevas alternativas.
Es posible concluir que en la región latinoamericana el escenario de la enfermedad cardiovascular es complejo, para afrontarlo se requiere de la aportación de distintos sectores y de múltiples disciplinas. La convergencia de la investigación aplicada y el diseño de políticas públicas son indispensables para atacar el problema.
¿Cómo previenes este tipo de enfermedades en el día a día? ¿Qué hace tu gobierno para contribuir? Cuéntanos en la sección de comentarios abajo o menciona a @BIDgente en Twitter.

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