lunes, 30 de noviembre de 2015

Menos consumo de carne crítico para lograr objetivos Global Climate

 

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Una dieta basada en vegetales puede ayudar a estancar el cambio climático, pero la comunicación plantea un enorme desafío.

Los estudios sugieren que la industria mundial de la carne tiene un impacto ambiental mayor  que las emisiones procedentes de toda la industria del transporte en el mundo no son nuevos. Pero con las conversaciones COP21 clima en París programado para su lanzamiento en menos de una semana (en lugar inconvenientemente después de Acción de Gracias, en especial para esos millones de pavos), el hecho terco persiste que esta muy incómodo, pero implacable, desafiar méritos discusión que la sociedad encuentra un manera de limitar el calentamiento global a 2 grados centígrados este siglo.
Con ese fin, el venerable Chatham House, el instituto de política independiente con sede en Londres, publicó un informe esta semana que insiste en reducir el consumo de carne es crucial si el mundo es limitar los impactos del cambio climático en las próximas décadas.
El gran obstáculo? A medida que la clase media mundial sigue creciendo, la demanda de proteína animal sigue surgiendo. Investigadores de Chatham House sugieren que el consumo mundial de carne podría aumentar hasta un 76 por ciento a mediados de siglo.Per capita la demanda de carne es-guarnición plana en la mayoría de las naciones en desarrollo, pero en los países industrializados, la persona promedio consume el doble de carne como la mayoría de los nutricionistas creen que es saludable - y tres veces más que en los Estados Unidos que lo que los dietistas dicen generalmente es suficiente .
La convergencia de la escasa conciencia pública, y los políticos nerviosos de poderosos grupos de presión, plantean una tarea de enormes proporciones en la comunicación de la necesidad de comer menos carne. Pero los autores del informe de Chatham House sostienen que estos problemas son superables, basado en encuestas realizadas en 12 países y discusiones con grupos de interés y grupos de enfoque en las grandes economías incluyendo los EE.UU., China, Brasil y el Reino Unido.
El inicio, de acuerdo con Chatham House, está aumentando la comprensión del público de los vínculos entre el consumo de carne y de los riesgos que el cambio climático actual.Tales esfuerzos sólo comprenden una primera etapa, sin embargo; analistas del informe sugieren que los gobiernos deben asumir el liderazgo en este tema. Después de todo, los intentos de la industria mundial de la carne a ser más "sostenible" han demostrado serpoco más que un escaparate.
Y ahí se encuentran las tareas de los gobiernos deben enfrentar: Ellos tienen que iniciar los debates sobre el consumo de carne que resuenan con los ciudadanos y avanzar en la discusión dentro de los negocios, los medios de comunicación, la sociedad civil y la comunidad científica. Dependiendo del país, sin embargo, una conversación nacional sería adoptar diferentes formas. El enfoque podría ser en la salud, al igual que en países como los EE.UU. que luchan con la obesidad. La seguridad alimentaria podría ser el énfasis en países como China, que ha tenido demasiados episodios truculentos con carnecontaminada. Y mientras que la "cultura de la celebridad" endémica en muchas naciones chispas muchos un rollo ojo, el hecho es que las "personas influyentes" en la sociedad también pueden ser contratados con el fin de establecer y promover formas de disminuir el consumo de carne.
La encuesta Chatham House está llena de la teoría y el análisis embriagadora; la parte difícil, sin embargo, será sobre cómo 'expertos' del gobierno pueden trabajar con otras partes interesadas para convencer a los ciudadanos a comer menos carne con el fin de reducir la contaminación, mejorar la salud pública y reducir al mínimo la degradación del medio ambiente. La realidad es que los gobiernos tendrán que tomar las medidas que la industria mundial de la carne va a luchar con uñas y dientes.
Por ejemplo, los investigadores de Chatham House apuntaban a un estudio británico sugiere que los precios de carbono teje en los precios de algunos alimentos, como la carne, podría reducir las emisiones, mejorar la salud de los ciudadanos, e incluso aumentar los ingresos. Otra táctica es análogo a lo que los defensores de la energía limpia han larga exigido: Del mismo modo que los gobiernos ya no deben subsidiar los combustibles fósiles, los analistas recomiendan que las naciones explorar formas en que para reducir o incluso eliminar los subsidios a los productos alimenticios intensivos en carbono, como la carne y los lácteos.
La evidencia de que más de una dieta vegetariana a base de plantas hace maravillas para el cuerpo humano y, a la larga, el medio ambiente está bien establecida. Pero convencer a 7 mil millones de personas a moverse en esa dirección será un esfuerzo hercúleo; el informe de Chatham House, sin embargo, pone la mesa para las conversaciones que se necesitarán en los próximos años.
Crédito de la imagen: Leon Kaye

COP 21: las cinco cuestiones clave a negociar en París

La COP 21 arrancó un día antes de lo previsto, para comunicar la necesidad de trabajar rápidamente hacia un acuerdo global sobre el cambio climático. SE detalla los puntos clave que deberán ser definidos.


Escribe Manuela Zurita desde París.

La Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21) arrancó ayer domingo por la tarde en París, un día antes de lo previsto. Los 1,300 delegados de 196 países se adelantaron a la inauguración oficial del evento –que se realizará hoy lunes– para iniciar las negociaciones que buscan sellar un acuerdo global que evite que la temperatura del planeta suba más de 2ºC de la media en la era preindustrial.
Con la sensación de que no hay tiempo para perder, sesionó por primera vez el llamado Grupo de Trabajo Ad hoc sobre la Plataforma de Durban. Este foro (órgano, en la jerga de la convención) fue creado en el 2011 para dar continuidad al Protocolo de Kioto, un tratado internacional clave en la lucha contra el cambio climático. El Protocolo de Kioto estableció una meta de reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) de 5.2% por parte de los países industrializados (¨contaminantes¨) en relación a aquellas de 1990. El acuerdo, sellado hace 18 años, en la COP3, entró en vigencia en el 2008 (tras ser ratificado por 154 Partes) y finalizó en el2012. Fue un acuerdo top-down, en el que el mandato de reducción se fijó para los países desde arriba.
La Plataforma de Durban viene trabajando en una propuesta totalmente opuesta: será bottom-up, es decir, las metas de reducción de emisiones provendrán de ‘abajo’ –desde cada país– hacia arriba. De aprobarse el acuerdo, la propuesta bottom-up tiene el potencial de poner en evidencia que sí existe la voluntad política de los países para lograr que el planeta no se siga calentando, una voluntad aún no clara.
Durante esta semana, la Plataforma de Durban trabajará a toda máquina sobre un texto de negociación de múltiples opciones acordado en Alemania a finales de octubre. Se espere que una versión avanzada del texto se presente a la Convención el sábado para que ésta la revise y debata durante la semana siguiente (del 7 al 11 de diciembre).
Si la temperatura del planeta sube más de 2ºC de la media en la era preindustrial, el sistema climático terrestre sufriría alteraciones drásticas. Los escenarios son catastróficos en todas partes (y para todos los países), según ha advertido el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, en inglés), el foro internacional de científicos que asesora a la Convención.
Se han registrado avances hacia alcanzar un acuerdo global desde el Acuerdo de Lima, sellado en la capital peruana la madrugada del 14 de diciembre pasado al cierre de la COP20. La mayoría de los países miembros (las ‘partes’) han aterrizado su voluntad política en promesas concretas a lo largo de este año: 176 de 195 presentaron sus compromisos de reducción de emisiones, denominadas Contribuciones Previstas y Determinadas a Nivel Nacional (INDC, por sus siglas en inglés). El Perú se comprometió a reducir 30% de los Gases de Efectivo Invernadero (GEI) proyectados para el 2030 en un escenario Business as Usual (si el país crece y se desarrolla según el modelo actual). De esa meta de reducción, 20 puntos porcentuales será alcanzará inversiones propias del país, tanto del sector público como del privado; el resto “estará supeditado a la disponibilidad de financiamiento externo internacional y condiciones favorables”, según el documento que presentó el gobierno peruano a la Convención en septiembre.
Esto trae a colación una serie de temas clave que los negociadores deberán aterrizar durante el evento.
1. ¿Un futuro acuerdo climático global metas establecerá metas –cuantificadas– de financiamiento de los países desarrollados hacia aquellos en vía de desarrollo luego del 2020, cuando el acuerdo global entraría en vigencia? ¿Cómo se reportarán esos flujos de financiamiento? ¿Qué países deberán aportar a cuáles?
2. ¿Sólo los industrializados o quizá también los países llamados en transición como Brasil, México o India? ¿De qué fuentes provendrá ese dinero: exclusivamente públicas o también privadas, bilaterales, multilaterales e internacionales?
3. ¿Cómo se capitalizará a mediano y largo plazo el Fondo Verde del Clima, el mecanismo de financiamiento multilateral más importante para la mitigación y adaptación ante el cambio climático? Cabe destacar que a principios de noviembre el Fondo Verde del Clima aprobó el financiamiento del proyectos “Construyendo Resiliencia en los Humedales de la Provincia Datem del Marañon en Perú”, donde habitan 7 pueblos indígenas.
4. El Acuerdo de Lima señala que el futuro acuerdo global será implementado de acuerdo a los principios de equidad y responsabilidades comunes pero diferenciadas de cada país, “a la luz de las circunstancias nacionales”. ¿Cómo se operativizarán estas últimas siete palabritas?
5. ¿Será un acuerdo jurídicamente vinculante, que castigue o ponga en el sonrojo internacional a quienes no lo cumplan? O, quizá lo más probable, ¿exija que los países reporten cada cierto tiempo sus objetivos cumplidos? En todo caso, ¿con qué metodología y qué tipo de información deberán comunicar los avances?
Son muchas las preguntas y, la ambición, aunque existe, no es suficiente. En octubre, la Convención concluyó que, incluso considerando las contribuciones de reducción de emisiones ya presentadas por 146 países, la temperatura global aumentaría 2.7ºC hacia 2100, por encima de la recomendación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático.
Pero como ha señalado en reiteradas oportunidades Laurent Fabius, ministro de Relaciones Exteriores de Francia y quien asumirá la presidencia de la COP21 (un mandato que le traspasará el ministro peruano del Ambiente, Manuel Pulgar-Vidal), se busca aumentar la ambición. Esta mañana se congregarán 150 jefes de Estado– un número inédito en la historia de la Convención– en el Evento de Líderes, que se celebrará tras la inauguración. Puede que esa presencia contribuya a alcanzar la meta.

Katia Duharte, Directora de Comunicaciones y Marketing WWF Perú, desde Paris Francia #COP21


COP21: Claves para entender lo que se juega en cumbre de París Desde el lunes, representantes de 195 países iniciarán en París la Cumbre del Clima COP21

COP21: Claves para entender lo que se juega en cumbre de París
El objetivo de la cumbre COP21 de París es que los países refrenden sus compromisos para que la temperatura no aumente más de 2 grados hasta el 2100. (Reuters).

Madrid. Representantes de 195 países, más la Unión Europea, acudirán desde el lunes a la Cumbre del Clima de París (21 Conferencia de las Partes, COP21) con el fin de alcanzar un pacto global de lucha contra el cambio climático. Estas son algunas de las claves de esta cita internacional:
► Su objetivo es acordar un pacto que gestione el proceso mundial de descarbonización para que la temperatura del planeta no aumente los peligrosos 2 grados a finales de siglo, así como para colaborar en la adaptación a los impactos que producirá el cambio climático aún cuando no se supere ese límite.
► El acuerdo entraría en vigor en el 2020, tiene vocación de perdurar hasta el 2050 y sustituiría la segunda fase del Protocolo de Kioto, aunque a diferencia de este, que solo incluía a un grupo de países industrializados que representan el 11% de las emisiones, el nuevo acuerdo incluye responsabilidades para todos los países y cubriría casi el 100% de los gases.
► Cerca de 170 países responsables del 95% de las emisiones han remitido a Naciones Unidas compromisos de reducción de emisiones para París (INDC, de Intended Nationally Determined Contribution en la jerga de las negociaciones). El efecto agregado de esas contribuciones, según la ONU, supondría un aumento de temperatura de 2,7 grados a finales de siglo.
► Según un informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) los compromisos requerirían una inversión de 13,5 billones de dólares, y en el caso de los países pobres están condicionados a la recepción de ayuda internacional.
► Los países plantean crear un mecanismo para revisar sus objetivos al alza cada cinco años, de manera que con el tiempo vayan siendo más ambiciosos y se pueda alcanzar el límite de los 2 grados antes de finales de siglo.
► Más allá de los compromisos, la finalidad del pacto es marcar el principio del fin de los combustibles fósiles, enviando un mensaje contundente a los mercados de la apuesta política mundial por una economía baja en carbono. Este objetivo se debe materializar en el texto con una fecha para que las emisiones mundiales toquen techo, otra de reducción para el 2050 y el fin de las emisiones en el 2100.
► Los tres principales puntos de desacuerdo en la negociación son la financiación para la mitigación y adaptación al cambio climático en los países más vulnerables; la diferenciación o no entre países ricos y pobres y la ambición del acuerdo más allá de una mera declaración de intenciones.
► Seis años después de que los países fallaran en el intento de alcanzar un acuerdo similar a este en la Cumbre de Copenhague 2009, las evidencias del cambio climático se han multiplicado: aumento de temperatura de 1,02 grados desde la época preindustrial, récord histórico de concentración de CO2 en la atmósfera (400 partes por millón) o el año más cálido de la historia: 2014.
► Nunca antes ha existido un momento político tan favorable al acuerdo climático: China y Estados Unidos han rubricado un compromiso para luchar juntos contra el calentamiento; y los países del G-7 han emitido una declaración comprometiéndose a poner fin a los combustibles fósiles en el 2100.
► El "clima" también es favorable en lo económico: 200 multinacionales han pedido a los países que pongan precio al carbono; las 10 mayores petroleras han creado una coalición para formar parte de las soluciones; las renovables abastecieron el 9,3% de la demanda energética mundial en 2014 y su precio se ha abaratado notablemente en la última década (un 80% en el caso de los paneles solares).
► Hasta el papa Francisco ha dedicado una Encíclica al cambio climático considerando que combatirlo es "una cuestión moral" y del "bien común"; y los líderes islámicos le han secundado con una declaración apelando al compromiso climático de los 1.600 millones de musulmanes.
► Aún logrando un acuerdo, París dejará tareas pendientes como la creación de un mercado único de CO2; fijar un precio internacional al carbono o concretar planes que den respuesta a fenómenos por venir, independientemente de lo que ocurra, como el de los refugiados climáticos.
► ¿Habrá acuerdo? Cómo gustan decir los negociadores de la ONU "nada está decidido hasta que se decide". La Cumbre de Copenhague despertó tantas o más expectativas que París y acabó en un infructuoso debate entre países ricos y pobres sobre a quién le correspondía afrontar el problema.
► En cualquier caso, la Cumbre de París no supondrá que haya o no una acción en materia de clima, en tanto que es algo que ya existe y va a seguir existiendo. Se trata de decidir si esa acción se va a canalizar conjuntamente a través de un acuerdo mundial.
Fuente: EFE
tomado del comercio.pe 

"Las palabras no son suficientes", el mundo marcha por el clima