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viernes, 9 de mayo de 2014

La desaparición de las abejas amenaza el 70% de los cultivos para consumo humano

Casi tres cuartas partes de los cultivos para consumo humano españoles están en jaque por el declive de la población de abejas y de otros polinizadores, según un estudio presentado hoy en Barcelona por Greenpeace. 

Kiwis, calabazas, melones, sandías, calabacines, manzanas, melocotones o almendras son algunos de los cultivos más dependientes de la polinización de estos insectos y, por este motivo, la entidad ecologista alerta que, en algunos casos, su producción podría caer hasta un 90 % e, incluso, llegar a desaparecer.

La mortalidad de la población de abejas, que se debe especialmente al uso de 319 insecticidas y a la aparición de la avispa asiática, puede amenazar al sector económico español que depende de la polinización, cuya facturación asciende a más de 2.400 millones de euros anuales, según la entidad ecologista.

Asturias, con una ratio de vulnerabilidad del 34 %; Cataluña (25 %); Murcia (24 %); Aragón (17 %) y Galicia (16,5 %) son las comunidades autónomas más amenazadas por la pérdida de especies polinizadoras, cuya función Greenpeace considera “insustituible”.

De hecho, España es el segundo productor mundial de almendras, el cuarto de melocotones y nectarinas y el tercero de fresas, entre otros cultivos, y todos ellos pertenecen a los sectores más vulnerables a la falta de polinización por insectos.

El análisis específico de cada comunidad autónoma revela los valores más preocupantes en los sectores más amenazados: sector frutícola en el Principado de Asturias, con una vulnerabilidad del 68%, el de los frutos secos en las islas Baleares (64%) y el hortícola en Madrid (39%).

El documento también contabiliza el beneficio económico de las cinco CC. AA. que obtuvieron mayor rendimiento de la polinización durante 2011, último año con datos disponibles para el texto: Andalucía (casi 878 millones de euros), Cataluña (más de 321 millones de euros), Región de Murcia (casi 249 millones de euros), Aragón (casi 194 millones de euros) y Extremadura (más de 183 millones de euros).

En total, la polinización por insectos supuso más de 2.400 millones de euros de beneficio inducido en los principales cultivos de consumo directo humano.

Pese a su importancia, tanto para la seguridad alimentaria como para la biodiversidad, las poblaciones de los insectos polinizadores están en declive. El sector apícola español denuncia mortandades de abejas entre el 20 y el 40%, incluso superiores en algunas regiones, como Galicia, donde se acaba de informar que hasta un 56% de las colonias han desaparecido desde el año 2000.

La causa principal de esta alarmante disminución, según el análisis, es el empleo masivo de insecticidas que, en España aumentó un 56% entre 1990 y 2010, y muchos de los cuales indican claramente que son peligrosos para las abejas en su ficha de registro como producto.

Por ello,  Greenpeace demanda a las autoridades españolas que prohíban el uso de los 319 plaguicidas peligrosos para las abejas y otros polinizadores antes del 2017 y no se autoricen otros sospechosos de serlo, a fin de “salvar a las abejas, a la agricultura y nuestra alimentación”.

Esta ONG exige además una “hoja de ruta”  para incrementar a 7,6 millones de hectáreas (el 30% de la superficie agrícola española) la superficie dedicada a la agricultura ecológica en 2020, y para que antes del 2050 la agricultura en España sea 100% ecológica.

El informe de Greenpeace está basado en la “Herramienta para la valoración de los servicios de polinización a nivel nacional” de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) y es el primero de estas características hecho público ya que, aunque existían cálculos a escala mundial y europea, hasta ahora no los había a escala nacional ni autonómica.

EFEverde

miércoles, 16 de abril de 2014

La súplica del Ártico para ser una zona protegida

Autor: Hernán Nadal
Fuente: ElTiempo

Parlamento Europeo aprobó una declaratoria, pero algunos países la rechazan. Análisis de Greenpeace.
El Ártico en peligro

Resulta evidente que algo está ocurriendo en la comunidad internacional para proteger al Ártico: el Parlamento Europeo aprobó hace unos días una resolución para que la zona inhabitada alrededor del Polo Norte sea declarada área protegida, tal como Greenpeace demanda desde hace más de dos años.

En septiembre del año pasado treinta activistas de Greenpeace, entre los que se encontraban los argentinos Camila Speziale y Hernán Pérez Orsi, fueron arrestados y encarcelados durante dos meses en Rusia, precisamente por exigir que las compañías petroleras y la industria pesquera dejen de operar en este ecosistema esencial para mantener el clima del planeta estable y reducir, entre otras cosas, las probabilidades de una catástrofe natural.

Poner fin a estas amenazas es clave para el futuro del mundo y así lo entendemos las más de cinco millones de personas que adherimos a este movimiento que fue escuchado, en primera instancia, por Finlandia –país pionero en adherir al pedido de crear un santuario en el Ártico– y ahora por el Parlamento Europeo, cuya medida promueve una fuerte protección ambiental para la región. De aprobarse esta resolución, estaríamos en presencia de la mayor zona protegida del planeta, lugar de conservación de peces, especies que habitan el hielo –como los osos polares–. Sin embargo, y en contraposición con estos avances, siete de los ocho miembros del Consejo del Ártico –entre ellos Noruega, Dinamarca, Canadá y Rusia–, se han resistido a establecer un marco legal de protección permanente de esta región y permitieron la presencia y actividad de plataformas petroleras en la zona. El planteo de los eurodiputados representa una clara ruptura con esta posición.

Además, la resolución abarca medidas para prevenir la pesca industrial en alta mar, que hace apenas un mes atrás fueron rechazadas por cinco de los países que controlan estos mares. No lograron un acuerdo para poner límite a la pesca, y simplemente llamaron a los países a obedecer reglas que en verdad no existen.

Por otro lado, es cierto que hay “grises” en este documento. El texto solicita un “enfoque cauteloso” en cuanto a la explotación de energía en el Ártico, pero desde nuestro punto de vista esto sólo puede significar una cosa: la prohibición de las perforaciones. Si realmente queremos proteger este frágil territorio, entonces no podemos permitir que las plataformas de petróleo y los buques de perforación se le acerquen.

Ahora resta preguntarse cuál será el impacto, tanto dentro como fuera de Europa, de esta resolución. Es seguro que los estados costeros se comportarán correctamente en público, pero en privado la historia será otra. Deberían entender que nadie está amenazando su soberanía, sólo su enfoque.

Hace pocas semanas se cumplió el 25º aniversario del derrame de petróleo de Exxon Valdez en Alaska, un accidente que probó que es imposible contener el crudo, recuperarlo y limpiarlo y en el que se gastaron más de dos billones de dólares en el intento, con una recuperación de sólo el 7 por ciento. En 2010, BP gastó 14 mil millones tratando de limpiar el derrame del Golfo de México con un porcentaje que no alcanza el 3 por ciento de la superficie de crudo que cubrió el mar y las playas.

En aguas heladas como las del Ártico, donde el clima y las características del lugar lo hacen más inaccesible, este porcentaje disminuye y la consecuencias es un daño ambiental permanente que las empresas y gobiernos tienden a subestimar.

En 25 años el mundo pasó de usar 63 millones de barriles promedio por día de petróleo a 91 (Estados Unidos usa veinte del total); las guerras por este recurso se intensificaron y los niveles de dióxido de carbono van en aumento. El derretimiento de la mitad del hielo oceánico es la prueba de ello: los glaciares desaparecen, las sequías, inundaciones y temperaturas extremas van en aumento y sus consecuencias se pagan con la vida de millones de personas.
El Océano Ártico es prácticamente uno de los últimos espacios vírgenes del planeta, vital para la humanidad, y así debe permanecer.

*Hernán Nadal, coordinador de la campaña del Ártico para Greenpeace en la Argentina